El Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (ODS, por sus siglas) es garantizarel acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna. En aquellos países donde la mayoría de la población cuenta con acceso a energía asegura y sostenible es donde también la mayoría de la población vive con mejores niveles de vida. Ante la creciente demanda y reducción de la oferta de fuentes de energía no renovables, los esfuerzos globales se han enfocado en fomentar que los gobiernos cuenten con las condiciones adecuadas para promover el uso de energías renovables y el ahorro energético que permita proveer de energía para toda la población.
Muchos expertos indican que nuestra dependencia actual de los combustibles fósiles es insostenible y que el crecimiento de la población requirirá de encontrar fuentes energéticas renovables para reducir el consumo de energías no renovables. El uso sostenible de las energías no renovables implica desde una perspectiva de economía circular utilizar la menor cantidad de recursos posibles, reutilizar la energía siempre que sea posible y asegurar que haya formas de evitar los desperdicios energéticos. Par conseguir lo anterior, la implementación de nuevas soluciones energéticas lo más rápido posible es uno de los objetivos de la Agenda 2030 para contribuir a contrarrestar el cambio climático. Igual de importante es el cambio a combustibles modernos para cocinar en los hogares de Guatemala para reducir la contaminación del aire interno de los hogares y mejorar la salud de quienes habitan en esas casas.
En Guatemala, el uso de la leña en el interior de los hogares de escasos recursos es una práctica común y el respirar este humo es muy dañino para la salud de quienes lo respiran. Al respecto, la participación del gobierno y grupos benéficos para facilitar la transición a estufas con gas o de energía eléctrica será una importante contribución a la mejora de las condiciones de la población en general y promoverá el alcance del ODS7. Estas mejoras en la salud mejorarán las condiciones sanitarias de la población y permitirán que, con combustibles para cocinar más limpios, se benefice a toda la población. El problema de que no se logre una combustión completa en las estufas de leña es que lo que queda contamina. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la leña que no arde debidamente se convierte en dióxido de carbono y esto origina sustancias altamente tóxicas, principalmente monóxido de carbono (CO), pero también benceno, butadieno, formaldehído, hidrocarburos poliaromáticos, entre otras. En sitios cerrados, con poca o nula ventilación, estos componentes tóxicos se mantienen en el aire, aumentando así la posibilidad de que las personas los respiren durante más tiempo. “Ese monóxido de carbono es un gas incoloro, inodoro e insípido, así que ni siquiera sabemos que está ahí. Cuando entra a nuestro cuerpo desplaza al oxígeno, por lo que si llega a concentrarse una alta cantidad puede incluso causar la muerte.
Mientras que según el PNUD el 13% de la población mundial aún no tiene acceso a servicios modernos de electricidad, en Guatemala este porcentaje es menor y al 2021 el 89.26% de la población tenía acceso a la electricidad siendo solamente Alta Verapaz el único departamento con un 50.89% de cobertura electrica que ha resultado de un complicado proceso en el cual la política local, la sinuosidad del territorio geográfico y la historia del departamento se han confabulado para ralentizar la construcción de las vías eléctricas requeridas y las negociaciones entre los líderes locales y las empresas hidroeléctricas que operan en la zona. Ante esta compleja situación, la instalación de fuentes renovables de energía eléctrica podrían contribuir a que el 11% de la población del país sin electrificación pueda contar con este recurso.
Gráfica 1. Balance Energético 2021. Fuente: Ministerio de Energía y Minas de Guatemala
El uso de energías renovables provistas por las fuentes hidroeléctricas, biomasa, solar, eólica y geotérmica se ha mantenido en aumento en Guatemala y, aunque sigue siendo el renglón más importante dentro de la matriz energética nacional, requiere de más inversiones para atender el mercado eléctrico nacional y las exportaciones que se realizan a Centroamérica. El uso de energías renovables para poblaciones lejanas o con problemas políticos en los departamentos de Alta Verapaz, Petén y Baja Verapaz permitirá acelerar el acceso a energía eléctrica y alcanzar la meta del ODS7 de la Agenda 2030.
De acuerdo con la información del SICA en 2017, “un hogar que consume entre 100 a 150 kilovatios al mes requeriría entre tres a cuatro paneles solares para poder generar esa energía, por lo que la inversión necesaria sería de entre US$384 y US$512 (entre Q2 mil 815 y Q3 mil 753, según el cambio actual), más gastos de instalación.” Para ofrecer soluciones como la anterior, en las poblaciones con los niveles más bajos de electrificación (ver departamentos en columnas rojas de la gráfica 1) se requerirá de una participación de programas estatales que fomenten esta inversión en beneficios de las poblaciones más pobres y vulnerables. Conseguir este proyecto social resultará en beneficios para toda la sociedad guatemalteca asegurando el acceso a servicios para limpieza y desinfección de alimentos y agua como uno de los principales beneficios de contar con energía eléctrica.
Una familia con su panel solar en Tucumán, Argentina
Los ODS son parte de una agenda compartida entre todos los países y funcionan como una herramienta común para alcanzar indicadores globales de mejora de las condiciones de vida para todas las personas. Guatemala se ha comprometido con sus ciudadanos y con los países del mundo para alcanzar en alianza los 17 ODS y los futuros gobiernos deberán velar por el alcance de estos compromisos. Reducir la pobreza mediante acciones legislativas, inversión estatal y privada y mediante programas de gobierno con impactos multidimensionales serán necesarios para mejorar las condiciones de vida económica y de salud, alimentación, educación, vivienda y acceso a los servicios básicos.
La ciudad de Guatemala es parte de una región metropolitana en la que viven más de cinco millones de personas (INE, 2018) y que comprenden las ciudades de Mixco, Villa Nueva, Santa Catarina Pinula, San Miguel Petapa y la Ciudad de Guatemala. En esta zona urbana confluyen las principales actividades de comercio e industria del país y la toma de decisiones ambientales se realiza de forma compartida por las municipalidades de cada territorio según lo establece la Constitución de la República de Guatemala y diversas legislaciones que regulan esta materia. Al respecto, la Ley de Desarrollo Social establece la responsabilidad compartida que existe entre “el Estado, las municipalidades y los habitantes del territorio nacional están obligados a propiciar el desarrollo social, económico y tecnológico, que prevenga la contaminación del ambiente y mantenga el equilibrio ecológico”(Ley de Desarrollo Social, 2001). Asimismo, esta responsabilidad compartida es dictada por la Ley de Protección y Mejoramiento del Medio Ambiente que indica en el artículo 40 que, en temas ambientales, “deberá integrar a la Comisión Nacional del Medio Ambiente a dichos consejos, con la finalidad de que la Comisión proponga la incorporación de la dimensión ambiental en las políticas, programas y proyectos de desarrollo.” (Ley de Protección y Mejoramiento del Medio Ambiente, 1986). De esta manera, la legislación de Guatemala establece que en torno al cuidado y protección del ambiente se han asignado responsabilidades compartidas de todos los actores políticos a nivel local, municipal, departamental y nacional y que estos, deberán de contribuir y proponer políticas, programas y proyectos de desarrollos que velen por el cuidado del medio ambiente. En estas circunstancias colaborativas que indican las normas, pero que en a práctica no se llevan a cabo por falta de un gobierno integrado, colaborativo y efectivo que cumpla con estas obligaciones, la mayoría de los problemas ambientales que existen en el país no han sido resueltos de forma efectiva.
En un contexto de falta de liderazgo gubernamental a nivel local y nacional y ante una población que no exige a sus gobernantes la vigilancia para que se instrumentalicen proyectos y desarrollos ambientalmente sostenibles, los proyectos privados y públicos que se concretan suelen conllevar una serie de problemas ambientales acumulativos. La mayoría de problemas de contaminación en el país son el resultado de comportamientos antagónicos con la naturaleza que carecen de un carácter unitario (filosófico, geográfico, ecológico e histórico) que permita a los actores la toma de decisiones que protejan el medio ambiente de los territorios y sean consistentes con las interacciones sociales que históricamente han evolucionado en Guatemala movilizando a millones de personas a nuevas zonas de habitación, trabajo e industria. Así, el futuro crecimiento de la región metropolitana y del resto del país dependerá de la medida en que la sociedad guatemalteca cambien el carácter de sus relaciones de producción y las alinee a prácticas de economía circular que fomenten la reducción en el uso de recursos finitos y en los impactos ambientales negativos, que fomente la colaboración y alianzas entre distintos actores de la sociedad y fomente sistemas regenerativos de industria y comercio que reduzcan, reparen y eliminen la generación de contaminación industrial, de aguas, de residuos, de usos de químicos y de emanaciones gaseosas y de hidrocarburos en el medio ambiente.
La sociedad guatemalteca, entendida como el conjunto de formas y modos de actividad que de ella se desprenden, ha sido el producto histórico de transformaciones y modificaciones de la naturaleza del país. La región metropolitana es producto de múltiples grupos culturales y sociales de organización que durante siglos acostumbraron a utilizar recursos naturales considerados infinitos para la satisfacción de sus necesidades. Como resultado, la praxis social se ha construido entorno a aprendizajes de éxito y fracaso de prácticas y estilos de vida que han carecido de componentes de sostenibilidad ambiental en la mayoría de las decisiones colectivas. La deforestación, la contaminación y degradación de los suelos, ríos y lagos, el agotamiento de las especies de flora y fauna y la desaparición de zonas silvestres ha sido una constante a lo largo de procesos generacionales cuyos efectos, nocivos para la sociedad, no se entendían como parte de un proceso global de crecimiento desmedido y sin controles económico-ambientales.
Desde la época prehispánica, la zona central de Guatemala que actualmente ocupa el área metropolitana de la capital de Guatemala, fue habitada por los pueblos originarios Kaqchikel quienes, a pesar de tener un cosmología y ciencia enfocada en el estudio de la naturaleza y los astros, conformaron una sociedad extractivista que era liderada por un pequeño grupo militar-religioso que alteró significativamente la relación entre la naturaleza y las sociedades que establecieron. Esta sociedad, descendiente de la civilización Maya con sus avances científicos y tecnológicos, ingresó en un período de reconfiguración político-militar a partir del año 900 e.c. y durante los períodos postclásico temprano y tardíos, durante 600 años, se redujeron los centros habitacionales conformando pueblos militares-defensivos en sitios elevados de montañas y cerros en torno a un gobierno centralizado bajo el control de la capital Iximché ubicada en el departamento de Chimaltenango. Este reino limitaba con las comunidades mayas al norte del reino K’iche’, el reino Achí al oeste, el Tz’utujil y K’iche’ y el Poqomam al sur y este. Las poblaciones originarias de la región que actualmente ocupa el área metropolitana de Guatemala, según (Gámez L., 2015) se organizó en poblaciones reducidas que habitaban “cerca de los edificios públicos, en casas construidas con palos de madera, paredes de barro y adobe y techo de paja.” Estas condiciones de organización social en agrupaciones más pequeñas y dispersas por el territorio se mantuvieron hasta 1524 con la invasión y conquista militar que realizaron los ejércitos españoles aliados con reinos originarios. Las llegada de los españoles y la implementación de sus instituciones y sistemas de gobierno centralizado conformaron un proceso de creación de decenas de ciudades, pueblos y villas que marcarían la historia territorial de Guatemala durante los siguientes 500 años. En esta nueva organización sociopolítica, las perspectivas de territorialidad se fragmentaron en una serie de municipios que al 2023 comprendían 340 municipios y 22 departamentos en los cuales la toma de decisiones ambiental se enfocó en atender problemas urgentes para la localidad sin comprender las externalidades que las decisiones, aparentemente aisladas, tendrían en territorios más amplios.
Partiendo de esta breve historia de la organización territorial, social y política de la región en el área metropolitana de Guatemala, podemos comprender la necesidad de reformular las territorialidades de estudio para comprender los impactos medioambientales de la actividad económica del país e implementar soluciones para reducir la contaminación ambiental metropolitana. Debido a que los impactos ambientales comprenden una red de causas y efectos globales, comprender los impactos de la contaminación a partir de análisis de municipios y/o de la ciudad de Guatemala impide dimensionar la necesidad de integrar nuevas territorialidades que permitan la creación de las condiciones estatales para regir y velar por la protección que la legislación guatemalteca entrega a las municipalidades. Ciertamente, es en el municipalismo que en Guatemala nos hemos acostumbrado a ver a las personas y sus necesidades. Sin embargo, comprender los impactos ambientales que las acciones de estas personas toman y velar porque el medio ambiente entorno a ellos se proteja no debería de ser una cuestión que dependa de los municipalismos y se requiere de una visión más amplia de territorialidad en la gestión ambiental. Analizar los impactos de distintas formas de contaminación desde una territorialización de cuencas hidrográficas o de una integración metropolitana que involucre a varias municipalidades podría permitir comprender las causas y fuentes de contaminación y determinar las estrategias adecuadas para reducirlas, eliminarlas y reglamentar futuras actividades económicas e industriales.
Actualmente, las diversas fuentes de contaminación en la ciudad de Guatemala son problemas que impactan a los territorios aledaños y que también se ve impactada por las acciones colectivas que se realizan en los municipios aleñados. Según (“Dependencia y deterioro ambiental: el caso de Guatemala”, 1991) uno de los ejemplos más visibles de contaminación que surge en la ciudad de Guatemala y que tiene efectos a nivel metropolitano y a nivel nacional es la contaminación por residuos y desechos sólidos que refleja condiciones de un “deterioro social, y natural considerado por algunos como parte de la idiosincrasia, del folklore o de las condiciones climático-geográficas” pero que, en realidad, deben ser consideradas como una relación de profunda desconexión entre la sociedad y la responsabilidad inherente al medio ambiente en que habitamos y ante la cual debemos reaccionar proactivamente. Los residuos de 5 millones de habitantes y de las industrias del área metropolitana, son generados por la falta de una gestión y manejo adecuado posterior de los residuos y desechos sólidos que actualmente la municipalidad de Guatemala y las municipalidades de los municipios en el área metropolitana no han realizado por motivos de esa herencia histórica y cultural que ahora, que es reconocida por todos, debería ser la fuente de cambios que corrijan la generación de residuos sólidos, líquidos y gaseosos que han hecho que los ríos más importantes de las cuencas hidrográficas de la vertiente del Pacífico y de la vertiente del Mar Caribe contribuyan a ser una de las principales fuentes de contaminación antropogénica que desembocan en el océano Pacífico y Atlántico.
Como podrá observarse en el Mapa 1, el área metropolitana de Guatemala es la zona de nacimiento de decenas de ríos y riachuelos que durante la época de lluvia arrastran residuos sólidos y líquidos que son mal gestionados por la población y los gobiernos locales debido a que fueron depositados en basureros clandestinos en las orillas de barrancos creados por la zona montañosa de la Sierra Madre. Sin embargo, una de las principales fuentes de generación de residuos sólidos se origina en la ciudad de Guatemala y los riachuelos que alimentan el río Las Vacas alrededor del Relleno Sanitario de la zona 3 de la ciudad de Guatemala. Como resultado de esto, municipios aledaños son los primeros en verse afectados por las grandes cantidades de residuos sólidos que arrastra la lluvia en la época lluviosa y, finalmente, los residuos llegan al océano Atlántico descendiendo en el río Motagua.
Mapa 1. Mapa de las Cuencas hidrográficas Fuente: MAGA, 2009.
Según la organización (The Ocean Cleanup, 2021) en base a un análisis probabilístico, se determinó que el río Motagua deposita al océano más de 78,500 toneladas de residuos sólidos al año y es el río más contaminado de Centroamérica. De cerca, le sigue el río María Linda, cuya cuenca es alimentada también por el área metropolitana de la ciudad de Guatemala y anualmente deposita 44,000 toneladas de residuos anualmente al océano Pacífico. Tan solo en estos dos ríos, la contaminación generada supera 122,000 toneladas de residuos sólidos equivalentes al peso de más de mil ballenas azules (105 toneladas cada una). Esta mala gestión de residuos sólidos es resultado de una falla administrativa por organizaciones locales en municipalidades que deben lidiar con un problema generado fuera de sus territorios asignados y cuyos responsables son millones de personas actuando de forma desordenada y sin la educación ambiental adecuada alrededor de la zona metropolitana de Guatemala y las barrancas por las que transitan los ríos.
Como se observa en la Ilustración 1, durante el inicio de la época de lluvias del año 2023, grandes volúmenes de residuos sólidos fueron arrastrados hacia riachuelos y arrastrados hasta la hidroeléctrica Las Vacas ubicada en un punto de unión de varios riachuelos pequeños alrededor de la ciudad de Guatemala y municipios al norte de este. Tan solo en este lugar se acumulan cientos de toneladas de residuos sólidos que pudieron haber sido gestionados y recolectados de forma adecuada por distintas organizaciones municipales y gestionadas de forma rentable en centros de acopio y clasificación que permitieran gestionar estos residuos de forma económicamente sostenible.
Ilustración 1. Residuos colectados en el río Las Vacas que posteriormente fluirán hacia el río Motagua y al océano Atlántico. Fuente: The Ocean Cleanup. 2023.
Junto a los residuos sólidos, la generación de residuos líquidos que se generan en el área metropolitana de Guatemala no son debidamente regulados y administrados por las distintas municipalidades del territorio y, como resultado, la frecuente contaminación de riachuelos y ríos se observa solamente cuando alcanza niveles de toxicidad que acaban con la vida de peces y reptiles. En la zona metropolitana se han reportado numerosas contaminaciones de líquidos que han llegados a los periódicos debido al alto nivel de mortandad para animales. Sin embargo, no se realizan los controles metropolitanos adecuados para impedir la generación de contaminantes líquidos por las industrias y hogares generadores y tampoco se establecen las normativas de reparación para los daños generados al medio ambiente y/o a humanos y otros animales.
De acuerdo con la (Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo & Servicios para el Desarrollo (SER), 2014), el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) reportó que “más del 90% de las fuentes de agua tienen contaminación bacteriológica, incluso residuos fecales provocando enfermedades diarreicas” y las principales fuentes de contaminación provienen de zonas urbanas como la del área metropolitana donde se acumulan y llegan a los ríos sin los sistemas de tratamiento adecuados que según (Funcagua, s/f) se generan como resultado de:
Vertido de desechos municipales (aguas residuales) sin tratar.
Vertido de desechos industriales sin tratamiento.
Aumento en temperatura de agua ocasiona la baja de oxígeno en su composición.
La deforestación y erosión del suelo.
El uso de pesticidas y fertilizantes.
Arrojar desechos sólidos a los cuerpos de agua.
La falta de legislación adecuada y programas de fiscalización metropolitana dificulta la regulación y prevención de contaminación de hogares e industria que desechan aguas con residuos químicos que contaminan las fuentes de agua. Al 2023, Guatemala aún no cuenta con una Ley de Agua que regule el dominio público hidráulico, del uso del agua y del ejercicio de las competencias atribuidas al Estado en las materias relacionadas con dicho dominio en el marco de las competencias delimitadas en la Constitución de la República de Guatemala y otras leyes vigentes. Como resultado, actualmente se le impide al Estado garantizar el derecho humano al agua y velar por la seguridad de esta. Actualmente, la falta de gestión en todo el país del agua es el resultado de una serie de normas dispersas sobre el tema que suelen estar sujetas a diferentes interpretaciones de los administradores municipales y los encargados de velar por la protección de los recursos. Como consecuencia, en su mayoría, las aguas residuales de los hogares y las industrias no son tratadas de forma holística y los municipios descargan sus residuos directamente a los ríos y lagos sin controles que permitan vislumbrar las externalidades negativas que la generación de contaminación en un municipio terminará teniendo en los demás.
La contaminación por gases, sólidos y líquidos que son generados en la ciudad de Guatemala es el resultado de un proceso histórico de desterritorialización que ha resultado en la ausencia de un sentido colectivo de responsabilidad por los medios geográficos de la ciudad de Guatemala y del área metropolitana de la ciudad de Guatemala que fomente la participación colectiva de todas las municipalidades en la creación de sistemas de manejo y gestión de residuos contaminantes. El no contar con un ente encargado a nivel metropolitano para atender estas necesidades y al existir un sistema de gobierno nacional con una débil participación presupuestaria para el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales continuará siendo muy difícil que se creen los mecanismos participativos para solucionar la contaminación por residuos sólidos, líquidos y gaseosos que continúa incrementándose diariamente en la zona más densamente poblada de toda Centroamérica. Anualmente, con la llegada de las lluvias se visibilizan los problemas generados por la contaminación por residuos sólidos y la atención de los medios de comunicación y la preocupación de la población se hace notar. A lo anterior se le suma la escasez creciente del acceso a agua potable y a el acaparamiento con fines comerciales que actualmente realizan industrias para proveerse de agua en detrimento del acceso regulado y económicamente sostenible del agua como un recurso escaso.
Durante muchos años organizaciones locales y empresas privadas han buscado mejorar las condiciones de limpieza y reducción de la contaminación de residuos, pero desafortunadamente la escala requerida para solventar de raíz un problema de gran territorialidad se escapa de las manos de unos cuantos actores. Como se observa en las siguientes imágenes captadas en el río Las Vacas, las iniciativas de clasificación y residuos de desechos sólidos ya existen y continúan creciendo. Sin embargo, no son ni serán suficientes para resolver un cambio estructural que debe realizarse en cada hogar e industrias guatemaltecas donde la invisibilización de un problema ambiental demasiado grande para comprender y detener ha sido la causa (o excusa) de quienes han evitado llevar a la discusión nacional el fortalecimiento de los Ministerios y oficinas de gobierno nacional y municipal que deberían fomentar un manejo y gestión adecuados de los recursos naturales.
Ilustración 2. Fotografías captadas en la planta de acopio de la empresa BiosferaGT en las cercanías del Río Las Vacas a 11 kilómetros de distancia del centro de la ciudad de Guatemala. La acopiadora es parte de una asociación sin fines de lucro que cuenta con el patrocinio de empresas nacionales y multinacionales para la extracción y clasificación de residuos de plásticos PE, PP y PET; y el uso de estos residuos para la fabricación de madera plástica, empaques flexibles, envases de bebidas y textiles. Fuente: elaboración propia.
Referencias
Ley de Protección y Mejoramiento del Medio Ambiente, Pub. L. No. Decreto 68-86 (1986).
Ley de Desarrollo Social, Pub. L. No. Decreto 42-2001 (2001).
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 (ODS, por sus siglas) es garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.
El ODS6 es un reto de la Agenda 2030 muy importante para los países en vías de desarrollo y con altas tasas de crecimiento demográfico. El consumo de agua y el acceso a agua potable y sana ha sido uno de los indicadores más difíciles de alcanzar por países con un gobierno debil en asegurar la captura, provisión, almacenamiento y distribución para la población. Al 2023, la falta de acceso universal al agua se mantiene como uno de los obstáculos al desarrollo humano más importantes, tanto para la sociedad y economía guatemalteca en general como para cada individuo.
El ODS6 enfocado en el agua busca cambiar la situación de 1/5 de la población humana (aprox. 2000 millones de personas) que actualmente no tienen a agua limpia y sostenible. Además, el OD6 tiene como objetivo que casi la mitad de la población humana (3600 millones de la población mundial) consiga al 2030 acceso a un sistema de drenajes y saneamiento gestionado de forma segura.
Las personas que habitan en zonas marginadas y vulnerables del sur global no siempre tienen los recursos para construir una infraestructura costosa o centralizada y en estas circunstancias el rol de un Estado eficiente es vital para crear esos sistemas de acceso a agua potable y drenajes.
A estas condiciones de infraesctructura se suma el calentamiento global y los efectos que está teniendo incrementándose las temperaturas extremas, las sequías y las inundaciones que afectan la provisión sostenible del agua. Conforme crece la población y mejoran los ingresos de los países, el incremento en la demanda de agua también crece en paralelo y, como resultado, también crece en paralelo la contaminación debido a la ausencia de sistemas adecuados de drenaje.
Fotografía de 2014, Guatemala. El Organismo Ejecutivo declaró Estado de Calamidad Pública por la canícula prolongada. Durante el plazo de treinta días de Estado de Calamidad, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres –CONRED-, se encargará de la implementación de diferentes acciones que tiendan a atender los daños derivados de los efectos de la sequía que afecta parte del territorio nacional, así como prevenir el riesgo que la misma produzca, todas en la forma, circunstancias y lugares que la situación lo requiera. Foto/Conred
Actualmente el acceso al agua y al saneamiento ocupan un lugar muy bajo en la agenda política de muchos países e incluso hay países (como Guatemala) en los que no existe una legislación que regule el acceso y consumo universal a este recurso. La falta de un manejo adecuado del agua será uno de los retos más importantes a resolver ante la escasez de agua que ha sido proyectada debido al incremento del calentamiento global y el consumo desregulado de las crecientes poblaciones humanas.
En Guatemala, a pesar de que el agua es un recurso hídrico abundante, la creciente población, la falta de un manejo integral del agua y la falta de una gestión de los residuos sólidos deberán de ser uno de los principales temas a discutir entre las elites políticas y económicas del país para asegurar que toda la población tenga acceso a este recurso. El no hacerlo y el no tomar acción resultará en una creciente contaminación de las aguas superficiales, incremento de la conflictividad social, desperdició de recursos e incremento de la escasez de agua en las zonas del área metropolitana y del sur y oriente del país.
Riesgos del agua en Guatemala según American Quarterly en 2019
Los ODS son parte de una agenda compartida entre todos los países y funcionan como una herramienta común para alcanzar indicadores globales de mejora de las condiciones de vida para todas las personas. Guatemala se ha comprometido con sus ciudadanos y con los países del mundo para alcanzar en alianza los 17 ODS y los futuros gobiernos deberán velar por el alcance de estos compromisos. Reducir la pobreza mediante acciones legislativas, inversión estatal y privada y mediante programas de gobierno con impactos multidimensionales serán necesarios para mejorar las condiciones de vida económica y de salud, alimentación, educación, vivienda y acceso a los servicios básicos.
Mucho se ha hablado en las últimas semanas del incremento de la temperatura de los océanos y del planeta en general (ver noticia). Esta preocupación no ha sido para menos ya que un calentamiento superior a los 1.5 °C amenazaría con destruir una gran cantidad de los arrecifes de coral del planeta y causaría pérdidas de las cuales no habría un punto de retorno a las condiciones actuales de nuestros océanos. Como consecuencia, este calentamiento impactará en el derretimiento de los polos y tendría impactos directos en los cambios de las temporadas de lluvia y sequía y también afectaría las condiciones e intensidad de los ciclones y huracanes.
Ante esta situación, implementar acciones de resiliencia climática implican acelerar acciones para frenar los impactos del cambio climático (más y mayores incendios, sequías, inundaciones, tormentas, entre otros) y evitar que los impactos empeoren en las zonas más pobres y vulnerables del planeta. Cuando hablamos de resiliencia, debemos aspirar a construir una sociedad que tenga las herramientas para enfrentar los cambios climáticos extremos y continuar reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero.
Para conseguir la resiliencia, tomemos por ejemplo la temperatura record alcanzada el día de hoy en Europa por arriba de los 40 grados Centígrados y las acciones que una sociedad debe tener a disposición de su población:
Cuidado y ampliación de espacios verdes en zonas urbanas.
Protección y cultivo de áreas boscosas y prevención de incendios forestales.
Construcción de áreas techadas en zonas de alto tránsito peatonal para proteger a la población.
Provisión y acceso de agua pública potable para el acceso de la población y campañas educativas de prevención de la deshidratación.
Reducción del congestionamiento vehicular y la emisión de gases de efecto invernadero.
Protección de las especies de flora y fauna que estén en peligro de extinción y de ser afectadas en zonas locales por el cambio climático.
Como se observar en la siguiente gráfica, el incremento y mantenimiento continúo de temperaturas altas acelera la desertificación de las zonas más pobladas. Como en el caso de Europa de la siguiente gráfica, se proyecta una aceleración del proceso de desertización y extensión del desierto del Sahara hacia las costas europeas del mar Mediterráneo. De continuar este proceso, la escasez de alimentos y agua se incrementará en toda la vertiente mediterránea a lo largo de más de 14 millones de hectáreas del sur, centro y este de Europa. (Fuente: Climate Impacts in Europe, the JRC PESETA II project, 2014. Data from Dosio and Paruolo 2011 and Dosio et al, 2012).
La resiliencia requiere que, como primer paso, aceptemos la realidad en la que nos encontramos con climas cada vez más extremos y movimientos de temperatura en todo el mundo y que afectarán la forma en la que todos los seres vivos sobrevivimos en nuestro planeta. En el caso de América Latina, la resiliencia es aún un tema más complicado debido a que los gobiernos no cuentan con las fuentes de financiamiento de programas nacionales de resiliencia para las industrias agrícolas, la provisión de agua y alimentos a poblaciones vulnerables, control de desertificación, programas de reforestación y protección de especies de flora y fauna en peligro.
Desde 1880 la temperatura global promedio de la Tierra ha aumentado al menos 1,1°Centígrados (1,9 °F) y los incrementos se han acelerado como resultado del consumo de combustibles fósiles por la humanidad. Ante esto, desde las últimas décadas se ha buscado fomentar la innovación en procesos circulares de diseño y transición hacia nuevas industrias que, en línea con los análisis de ciclo de vida de las materias primas, reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.
Según se observa en la siguiente infografía de VisualCapitalist, desde 1979 a la fecha se ha producido la mayor parte del calentamiento global con un aumento de las temperaturas de 0,15 a 0,20 °C por década. Las proyecciones para la década de 2020 a 2029 actualmente están por encima de los 1.5 °C propuestos por el Acuerdo de París y como resultado, los planes de resiliencia para los países en vías de desarrollo y de las economías emergentes requerirán un mayor trabajo para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el óxido nitroso (N2O) y el metano (CH4) que están siendo creados por industrias en Asia, Europa y Norteamérica principalmente.
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 (ODS, por sus siglas) es lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.
El ODS5 es uno de los retos de la Agenda 2030 más importantes e históricamente más significativos. Por primera ocasión en la historia de la humanidad el planeta entero se está uniendo para alcanzar la igualdad entre los géneros con el fin de reducir las brechas existentes entre hombres y mujeres. Históricamente, la desigualdad de género entre hombres y mujeres ha sido la norma y sus causas resultado de una complicada serie de relaciones políticas, religiosas, económicas y sociales que en casi todas las culturas de la humanidad le daba un poder superior al hombre sobre la mujer. Así, la naturaleza y las causas de la desigualdad de género han sido multifacéticas y con efectos nefastos para la paz y la prosperidad de todos los humanos.
El derecho al voto es un derecho fundamental en cuanto implica la capacidad de contribuir a la elección del gobierno que representará a los votantes. Este derecho fue una de las victorias más importantes para las mujeres y en muchos países el ejercicio de este voto es aún limitado. Alcanzar la igualdad de todos al acceso al voto es aún uno de los retos mas importantes de la humanidad y el ODS5 busca contribuir a que en todos los países se creen las condiciones de igualdad política entre los hombres y las mujeres.
Asimismo, otros derechos políticos como el respeto de la mujer en temas de negocios, manejo de dinero, herencias, propiedad privada y propiedad intelectual sobre las obras escritas por las mujeres son algunos de los temas que aún están pendientes de ser resueltos en muchos países para asegurar la igualdad de condiciones entre los hombres y las mujeres. El ODS5 tiene como objetivo central que la igualdad de género permita empoderar a futuras generaciones de niñas para aspirar a lograr sus sueños en las mismas condiciones que los niños y para esto es necesario que las leyes y políticas de un gobierno desempeñen un papel en la configuración de las relaciones de igualdad de género a lo largo del tiempo.
Lo anterior sigue siendo un reto muy imporante para Guatemala ya que las leyes sobre la propiedad privada, la custodia de los hijos, el divorcio, el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y el derecho al voto mismo siguen siendo objeto de ataques constantes por visiones fundamentalistas desde el machismo y la misoginia. Muy importante para Guatemala será trabajar en resolver las políticas de género sobre educación que tienen un papel muy importante que desempeñar. Según lo descubierto en el estudio de igualdad de género de OXFAM en 2021,
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), el embarazo adolescente es un grave problema en el país; uno de cada cinco nacimientos corresponde a madres niñas y adolescentes. La tasa de mortalidad materna sigue siendo muy alta (140 por 100 mil), en especial en las mujeres indígenas, cifra que es 1.8 veces mayor que en las mujeres ladinas o mestizas. La exclusión histórica de las mujeres se reafirma también con una tasa del 48% de analfabetismo en mujeres indígenas y del 19 % en las mujeres no indígenas (INE 2016). La situación de desigualdad de las mujeres en la sociedad guatemalteca es el resultado de relaciones de poder desiguales que se han establecido y naturalizado en el imaginario social. La idea de ser mujeres las coloca en condiciones de subordinación, exclusión, explotación, abuso, violencia, discriminación y genera una dinámica de vida adversa.
Ante las graves condiciones actuales de desigualdad de género en Guatemala existen diversos campos de acción desde los cuales futuros gobiernos habrán de trabajar. Será vital continuar con los programas de alimentación enfocados en la alimentación de las mujeres y niñas, implementar programas educativos que fortalezcan los carencias de la educación fémina actuales y programas y políticas referidas a superar las desigualdades que viven actualmente las mujeres mayas, garífunas, xinkas y mestizas.
Los ODS son parte de una agenda compartida entre todos los países y funcionan como una herramienta común para alcanzar indicadores globales de mejora de las condiciones de vida para todas las personas. Guatemala se ha comprometido con sus ciudadanos y con los países del mundo para alcanzar en alianza los 17 ODS y los futuros gobiernos deberán velar por el alcance de estos compromisos. Reducir la pobreza mediante acciones legislativas, inversión estatal y privada y mediante programas de gobierno con impactos multidimensionales serán necesarios para mejorar las condiciones de vida económica y de salud, alimentación, educación, vivienda y acceso a los servicios básicos.