La geografía vuelve a mandar: Malaca y Ormuz en tiempos de la nueva guerra

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Hace una década escribí un paper sobre el Estrecho de Malaca y su rol como uno de los espacios geopolíticos más críticos para el comercio y la seguridad energética. En aquel momento el argumento podía sonar “técnico”: rutas marítimas, volúmenes, piratería, riesgo, dependencia de importaciones. Hoy, con la reactivación de los conflictos armados en Asia Occidental (aka. Medio Oriente) y la tensión directa sobre el Estrecho de Ormuz, esa tesis ya no se lee como un ejercicio académico sino como un recordatorio para interpretar el presente.

Lo que está en juego una vez más no es solo “un estrecho más” en el mapa. Es la arquitectura física de la economía global: las redes logísticas dependen de pasos geográficos estrechos y que, cuando uno se vuelve incierto, el costo se propaga a toda la cadena (energía, fletes, seguros, insumos industriales, alimentos e inflación globalizada).

La globalización no flota: se “atasca” en lugares muy concretos

En el paper sobre Malaca sostuve una idea simple: los flujos globales tienen puntos de paso obligados. El comercio marítimo se concentra porque el planeta (y la ingeniería portuaria) no permiten infinitas alternativas y porque el transporte terrestre sigue siendo aún muy caro. Por eso, un cuello de botella puede convertirse en palanca estratégica y herramienta de política económica.

Esta lógica aparece también en análisis contemporáneos de seguridad marítima: los estrechos no son “accidentes geográficos”; son nodos estratégicos dentro de un sistema interdependiente donde el tránsito comercial, el poder naval y el control marítimo se superponen. Un informe del Hague Centre for Strategic Studies lo sintetiza con claridad: en los extremos del Océano Índico se ubican dos de los cuellos de botella más relevantes de la actualidad: los Estrechos de Malaca y Ormuz. El cuello de botella del Estrecho de Malaca es en su punto más angosto de tan solo 38 kilómetros. y el del Estrecho de Ormuz es de 33 kilómetros.


Malaca: el corredor que conecta el taller del mundo

Malaca es el corredor que vincula el Océano Índico con el Pacífico y la vía hacia y desde las cadenas de valor que alimentan a Asia oriental. En mi texto destaqué por qué, para China, la dependencia de ese paso se vuelve un problema estructural: el estrecho concentra tránsito, está expuesto a disrupciones y obliga a pensar en rutas alternativas (oleoductos, corredores terrestres costosos, diversificación de puertos y préstamos a países en la región, entre otros).

Esa idea tiene eco en literatura geopolítica más amplia. especialistas como Will Rogers del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense o Roger Kaplan en el libro la Venganza de la Geografía, usan Malaca como ejemplo de geografía que condiciona la estrategia: un paso “estrecho y vulnerable” cuya relevancia crece en una continuidad que enlaza el Indo-Pacífico con Medio Oriente. Y junto a ellos, desde el campo de estrategia marítima, Geoffrey Till en el libro Poder naval: una guía para el siglo XXI insiste en que el mar no es un “vacío”: es infraestructura de poder y comercio; las rutas marítimas y sus restricciones geográficas se vuelven determinantes para la proyección económica y política.

Ormuz: la válvula del sistema energético global

Si Malaca es el corredor del comercio Asia–mundo, Ormuz es la válvula del Golfo Pérsico y de toda Asia Occidental hacia el mercado global. La U.S. Energy Information Administration estima que por Ormuz transitan del orden de ~20 millones de barriles por día (aprox. una quinta parte del consumo mundial de líquidos petroleros), además de flujos relevantes de gas natural licuado. Visual Capitalist en la siguiente gráfica confirma que, de los 100 millones que barriles que consume el mundo diariamemente, el 20.9% transita por el Estrecho de Ormuz (casi tanto como el que transita por Malaca -23.7%-):

Esa centralidad explica por qué, cuando Ormuz entra en zona de riesgo, la economía global reacciona con la lógica de “prima de guerra”: no hace falta que falte petróleo o gas físicamente para que suba el precio; basta que aumente la probabilidad de interrupción, que suba el costo de los seguros, que haya desvíos y que el tiempo de tránsito se dispare.


La coyuntura actual: conflicto armado y disrupción logística

Las noticias más recientes describen un deterioro rápido de la situación: advertencias y ataques a buques, tráfico reducido, envíos varados, incrementos en los costos de flete y de cobertura de riesgo en aumento de precios. Reuters reportó la preocupación oficial del sector naviero griego ante una situación “alarmante” y la recomendación de evitar la zona mientras que los precios en toda Europa y Asia se fueron al alza. AP ha documentado disrupciones que se extienden más allá del petróleo (manufacturas y carga en general, farmacéuticos, electrónicos, derivados petroquímicos, alimentos, entre otros), con acumulación de buques varados y sobrecostos logísticos. Otros medios de comunicación, señalan ya alzas fuertes en crudo y gas por el impacto del conflicto en producción y tránsito marítimo.

Asimismo, el bloqueo potencial del Estrecho de Ormuz por mucho tiempo pondría en riesgo la existencia misma de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC, por sus siglas en inglés) que importan la mayor parte de sus alimentos y agua por esa vía. En promedio, los países del GCC importan alrededor de 85% de sus necesidades alimentarias y una parte relevante de esos granos y básicos entra por rutas que dependen de chokepoints; por ejemplo, estimaciones académicas y de centros especializados indican que ~35% de importaciones de trigo y granos forrajeros del GCC pasan por Ormuz, y que ~81% del arroz importado se embarca por esa vía. En la coyuntura actual, esto importa porque el “shock” no se limita al crudo: cuando sube el riesgo (seguros, desvíos, demoras), se encarece y se vuelve más frágil la logística de alimentos hacia puertos hub del Golfo.

En agua, el vínculo es más indirecto pero potencialmente más crítico porque la seguridad hídrica del Golfo depende masivamente de la desalinización, y varios países obtienen una proporción muy alta de su agua potable de plantas costeras (p.ej., se citan cifras del orden de ~70% en Arabia Saudita, ~90% en Kuwait, y valores altos también en Omán y EAU). Esas plantas son infraestructura costera (tomas de agua, energía, químicos, repuestos y mantenimiento) y, en un escenario de escalamiento, el riesgo no es que “el agua pase por el estrecho” como un cargamento, sino que el conflicto armado, las bombas a plantas de desalinización y la disrupción marítima eleven la vulnerabilidad del sistema. Cualquiera de esats acciones empezará a causar no solo interrupciones en insumos industriales, en cadenas de mantenimiento, en energía, o daños/amenazas a instalaciones costeras pueden traducirse en estrés hídrico rápido sino también en motivos para que la población opositora a los regímenes sunnies aumente. La idea de tan alta dependencia del ingreso de agua y alimentos a la región es un claro ejemplo de altísima dependencia de alimentos y agua y una alta dependencia de desalinización.

En términos de impactos de “red”, el fenómeno es claro:

  • El nodo se vuelve incierto → navieras y cargadores empiezan a reaccionan.
  • Sube el costo del riesgo (seguros de riesgo, sobrecostos en claúsulas de riesgos de guerra y otras cláusulas y recargos vinculados) → se encarece el flete.
  • Se desvían rutas (por ejemplo, rodear el sur de África) → aumentan días o semanas, incrementa uso de combustible, aumenta la congestión portuaria.
  • Se recalculan inventarios (“just-in-time” deja de funcionar) → inflación importada y tensión productiva aumenta.

Por qué estos estrechos revelan la desigualdad real de la economía mundial

Hay una lectura incómoda que se vuelve evidente cuando comparas Malaca y Ormuz: la interdependencia es asimétrica. Los costos del shock no se distribuyen “parejo” y algunos pagan la facturas:

  • Quienes controlan el financiamiento, los seguros, las certificaciones, los puertos hub y las navieras suelen trasladar costos “río abajo” al consumidor final y a los países del sur global.
  • Economías importadoras de energía o exportadoras de bajo margen, son las que tienden a absorber el golpe vía inflación, deterioro de términos de intercambio y presión fiscal.
  • Muchos países quedan atrapados entre dos realidades: necesitan insumos de los mercados globales, pero no controlan ni las reglas ni los puntos físicos por donde pasa la circulación.

Esto conecta directamente con el argumento que yo había planteado con Malaca: el “estrangulamiento” no es solo militar; es poder sobre la circulación. Un chokepoint permite influir en precios, tiempos y viabilidad de rutas. Y por eso, en épocas de crisis, el mapa manda: los discursos de “mercados fluidos” se subordinan a geografía, logística, riesgo y coerción.

Dicho de otra forma: la red global existe, pero no como simetría. Existe como una distribución desigual de control sobre la circulación y de capacidad de comprar resiliencia.

¿Existen alternativas? Sí, pero nunca equivalentes

En el paper yo resaltaba la respuesta típica ante Malaca: buscar bypasses (corredores terrestres, oleoductos, diversificación) y reducir dependencia. Como hemos visto en los últimos 10 años desde ese paper, la billonaria inversión que China ha hecho en la Ruta terrestre de la Seda no se da abasto para siquiera acercarse a funcionar como un bypass. Tan solo en la última década, la inversión acumulada de la RPdeChina bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Ruta de la Seda) se estimaba en el orden de US$1.0–1.2 billones de 2013 a 2023, combinando contratos de construcción e inversión no financiera (con desglose aproximado de US$634 mil millones en construcción y US$419 mil millones en inversión e). Aun así,este monto no “reemplaza” Malaca ni el transporte marítimo porque el mar sigue siendo, por física y economía, el modo más barato y masivo para mover contenedores y graneles: los corredores terrestres (ferrocarril/carretera) tienen capacidad mucho menor, más fricciones fronterizas y regulatorias, costos logísticos más altos para cargas pesadas/voluminosas y a menudo requieren transbordos (tren–camión–tren) que reducen la eficiencia; además, gran parte del comercio Asia-Europa y Asia-Oriente Medio depende de una red portuaria y naviera ya instalada, con economías de escala difíciles de igualar.

Ormuz muestra lo mismo: existen opciones parciales en la Península Arábiga o hacia el norte de Asia Occidental (terminales fuera del estrecho, oleoductos hacia otras costas) pero tienen capacidad limitada y no reemplazan de inmediato el volumen del corredor principal. Cuando el sistema fue optimizado por décadas para una ruta, los “planes B” rara vez absorben el shock sin fricciones: no es solo de trazar una ruta distinta en el mapa. Se requiere capacidad instalada, terminales, almacenamiento, seguridad, coordinación operativa y contratos. Por eso, cuando ocurre una disrupción, la red no “migra” como estamos acostumbrados ahora a imaginar con el software: migra como infraestructura pesada de forma lenta y con efectos conexos. El resultado típico es un reemplazo imperfecto: el flujo puede continuar, pero con pérdida de eficiencia, más días de tránsito, mayores costos de trasporte y un alto incremento en costos de riesgo que se traslada al precio final de todos los consumidores. En el caso actual, el mercado ya no estará descontando (o sumando) esa prima, manteniendo presión alcista por el riesgo asociado a Ormuz.

Malaca te enseña el mecanismo, Ormuz lo confirma

La vigencia de lo que escribí hace diez años es, en realidad, la vigencia de la geografía en la economía política global: las cadenas de suministro no son solo contratos. Son rutas y esas rutas pasan por estrechos estratégicos.

Malaca y Ormuz son dos caras de la misma estructura: pasoss angostos en los que transita gran parte del comercio, la energía y la organización productiva del planeta entero. Cuando uno se tensiona por competencia o conflicto armado, la red completa “paga”: precios, inflación, abastecimiento y reacomodo de poder.

La pregunta no es si estos puntos seguirán importando. La pregunta es quién paga cuando se rompen y quién tiene el margen de maniobra para protegerse.


Lecturas recomendadas (para profundizar en Malaca, Ormuz y los chokepoints)

The Economic Impact of a War Between Japan & China

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“The United States believes that the establishment of diplomatic relations with the People’s Republic will contribute to the welfare of the American people, to the stability of Asia where the United States has major security and economic interest, and to the peace of the entire world.”

President Jimmy Carter
The American Presidency Project. December 15, 1978

 

Unfortunately, this is not a conspiracy theory.  2013 is a decisive year to deter the escalation of a war between Japan & the People’s Republic of China.  Who can stop it? According to this impressive video, the United States of America has a decisive role to play in this global arena.

A major conflict between the region’s two largest economies would not only impose a harsh dilemma on U.S. diplomats, but also have a significant impact on the entire global economy. It is in every nation’s best interest that the Chinese and Japanese settle their territorial dispute peacefully.

The team at One Minute MBA explains that

“The conflict between China and Japan has put the United States in a precarious position: if a full-scale war were to erupt, the U.S. would be forced to choose between a long-time ally (Japan) and its largest economic lender (China). Last year, China’s holdings in U.S. securities reached $1.73 trillion and goods exported from the U.S. to China exceeded $100 billion. The two countries also share strong economic ties due to the large number of American companies that outsource jobs to China.

However, the U.S. government may be legally obligated to defend Japan. In November, the U.S. Senate added an amendment to the National Defense Authorization Act that officially recognizes Japan’s claims to the disputed islands; the U.S. and Japan are also committed to a mutual defense treaty that requires either country to step in and defend the other when international disputes occur. Not honoring this treaty could very easily tarnish America’s diplomatic image.

The countries of the Asia-Pacific region are collectively responsible for 55 percent of the global GDP and 44 percent of the world’s trade. A major conflict between the region’s two largest economies would not only impose a harsh dilemma on U.S. diplomats, but also have a significant impact on the entire global economy. It is in every nation’s best interest that the Chinese and Japanese settle their territorial dispute peacefully.”

To read the entire video transcript please visit this link.

Drugs: A Legal Market is not a Free Market

English: Flower of a Opium Poppy
Image via Wikipedia

A couple days ago, Otto Perez Molina, recently elected as President of Guatemala; announced that he was willing to decriminalize the commercialization of drugs. According to U.S. authorities, Guatemala has became the transshipment point for more than 75 percent of the cocaine smuggled into the United States since 2005.  Along with this, the Opium poppy cultivation is already done in large parts of the countryside making the production of Guatemalan heroin a greater and the newest worry for the United States. The country’s elites are already part of this business and the paranoia of crimes that used be a remembrance from Colombia‘s 1990s history seems to be repeating in these Central American countries.

What impresses me the most now is how this news has started spreading around my Facebook contacts (mostly libertarians and liberals). Both groups seem to be happy to hear this announcement by Guatemala’s President.  However, both groups applaud the news for different reasons.  The legalization/decriminalization of drugs will not be the panacea we all are hoping for.  Specially not if started by any of the Central American governments.  The reasons are many and I will begin by listing some of them to open the discussion,

  • Corruption, lax enforcement, and judicial impunity levels in Central America are among the highest of the world.
  • Drug lords and their new and powerful money have been mentioned by many analysts to be already part of the politic and economic elites of these countries.
  • The Central American countries in which this drugs are produced and transported are inhabited by a large majority of people living in the lowest leves of Human Development.
  • If legalized, the trade, production and commercialization of drugs (cocaine and heroine mainly) will be regulated by these governments.
  • Without any doubt, this regulations will enable and create legalized monopolies ruled with the partnership of previous drug lords and government officials.
  • It has not been advocated by any of the political leaders which road would take the legalization of drugs. This is important, because under current legalization procedures it is not the same to get the approval for a new medicine in the market as to get the approval for a new liquor, a new energizing drink or of a new edible product.

The history of the legalization (production, trade and commercialization) of items considered by many as drugs and for others as commodities has shown that for as long as a government elite hold the power to legalize it; it was in their power to take the first steps into the acquisition of a monopoly of its trade and production.

If legalized, the emergence of a coercive monopoly would be inevitable. As noted by Ayn Rand, the governments and their partners in these coercive monopolies “will be able of setting the initial prices and production policies independently of the market, with immunity from competition, from the law of supply and demand. An economy dominated by such monopolies would be rigid and stagnant.”

If we support the complete and absolute free trade of all commodities it is necessary that we do not grant to government an intrinsic right to regulate it.  No compromise should ever be done with a government that requires regulation in order to give us legalization.  Legalization should result in freedom and not in regulation.  The drug trade should be opened to businessmen and entrepreneurs in the freest way possible. The freest way is that of requiring the traders to inform their buyers about all the necessary information about the products they are offering.

We may be taking part in a historical moment in which the most important thing are principles.  Let us remember that one of the most valuable principles of trade is Freedom; and that one of the most valuable principles of government is to seek that i will Protect Individual Rights and not to regulate their lives.

Note: To understand more which are the principles that really matter in this discussion, I invite you to take a look to the video titled: The Drug War in Guatemala: A Conversation with Giancarlo Ibarguen.

Dec. 8, 1941. War on Japan Declared

Video of original footage of the Declaration of War to Japan

Dec. 8, 1941: President Franklin D. Roosevelt asks Congress for a declaration of war on Japan. One of the gloomiest days on History.

Dec. 7, 1941. Pearl Harbor Attack Footage

Video of original footage of the Declaration of War to Japan

This footage of the Japanese attack on Pearl Harbor was shot by CWO4 Clyde Daughtry. The attack occured at exactly 7:55 a.m. Hawaii Time. The original footage has since been lost, and the poor quality of this footage is due to the fact that it is a copy, and believed to be the best remaining version of this film in existence. Among the many valuable portions of this footage are shots of USS Nevada (BB-36) underway and firing back at Japanese aircraft, USS Oglala (CM-4) rolling over and sinking, and USS St. Louis underway (CL-4). Naval History and Heritage Command, Photographic Section, UM-10.