Cerrando la serie sobre el PPWR. Listos par exportar a Europa desde hoy al 2030: hoja de ruta para café y bebidas energéticas ante las nuevas reglas verdes de la UE

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En los últimos posts el mensaje se ha dirigido a quienes ya exportan a la UE, pero también para quienes desean empezar a hacerlo. Para este último post en esta serie sobre el PPWR, hay algo que dejar claro y sin rodeos desde este primer párrafo: la sostenibilidad dejó de ser un valor agregado y se convirtió en una condición de acceso al mercado.

Un conjunto de nuevos reglamentos europeos —sobre embalajes, empaques y envases (el famoso PPWR), la lucha contra la deforestación (EUDR), los impuestos al carbono en frontera (CBAM) y el ecodiseño de productos (ESPR)— están redefiniendo, con fechas concretas entre 2026 y 2030, qué productos pueden entrar a Europa y cuáles no. Y esto aplica sin importar en qué continente esté establecida la empresa, qué tan grande sea o qué tan complejo sea su producto: lo que activará una obligación según todos estos reglamentos es ya colocar el producto en el mercado europeo, no la nacionalidad de quien exporta.

Durante las últimas siete entregas de esta serie, fui desarmando uno a uno ese entramado pieza por pieza (al final les comparto los links a la serie completa por si quiere profundizar en algún punto). Pero este último post está pensado para que lo puedan utilizar como una guía de arranque estratégico. Para esto, me enfocaré no en la teoría, sino en una práctica que sea útil para analizar y bajar esos reglamentos a una hoja de ruta concreta, con fechas y orden de prioridades que no debemos ignorar.

Y para que no se quede en abstracciones, no haré una lista con generalidades sino que tomaremos dos productos reales y con muchísimo potencial de crecimiento que representan los dos extremos del tablero exportador y les trazaré el camino a cada uno:

  • Un café verde de exportación a granel, el clásico de nuestra región con calidad y muy bien posicionado.
  • Una bebida energética embotellada bajo marca propia, un producto manufacturado y de alto contenido plástico que tiene grandes crecimientos en consumo entre las poblaciones más jóvenes.

¿Por qué estos dos productos? Porque demuestran algo que quiero que quede grabado: no todos los reglamentos pesan igual según el producto. Lo que es urgente para el café es casi irrelevante para la bebida, y viceversa. Saber leer cuál nos aplica, y con qué prioridad, es la mitad de la batalla.

Caso 1: El café verde — donde el EUDR y el PPWR mandan

Empecemos por el café y arranquemos recordando que el reglamento que más le urge al café no es el PPWR, es el EUDR.

  • Lo urgente (EUDR, 30 de diciembre de 2026): el café está en la lista de productos del Reglamento contra la Deforestación, y esa fecha está a la vuelta de la esquina. Sin geolocalización de las parcelas y sin la diligencia debida que pruebe que el grano está libre de deforestación, el café no entra. Punto. Para nuestro caficultor, este es el frente número uno, y empieza a ser auditado en los contratos para venta que ya desde septiembre 2026 estamos pactando para venta desde enero 2027 en adelante.
  • Lo secundario (PPWR): el saco de yute o de fibra natural no tiene mayor problema —es reciclable y de origen renovable—. El punto de atención es el empaque plástico interior (esas bolsas herméticas tipo grado-barrera que protegen el grano y que muchos conocen popularmente como “green bags”). Ese forro sí cuenta como embalaje plástico: le aplican la minimización y la reciclabilidad desde 2030. Es un tema de rediseño de un solo componente, manejable y sin prisa inmediata.
  • ¿Y la RAP? En la venta clásica de café verde a granel a un tostador europeo, el “productor” bajo el PPWR suele ser nuestro comprador, no nosotros (lo vimos en el post 6). Un peso menos.

Dato clave para el caficultor: concentrar el 90 % del esfuerzo en el EUDR ahora, y dejar el empaque plástico como un proyecto de rediseño tranquilo hacia 2028–2029.

El detalle clave que lo cambia todo: ¿qué ocurre si ya exportamos el café con valor agregado?

Hasta aquí hablé del café verde, a granel, en saco. Pero ¿qué pasa cuando damos el salto que tanto anhelamos como región —dejar de vender la materia prima y exportar nuestro café tostado o molido, ya empacado bajo marca propia—? Ahí el análisis se voltea por completo, y conviene verlo con lupa porque es la trampa menos evidente de todo el PPWR.

Ese café con valor agregado no viaja en yute: viaja en la clásica bolsa multimaterial —varias capas laminadas, una lámina de aluminio como barrera, muchas veces con acabado brillante o negro y su válvula desgasificadora—. Es una maravilla para conservar el aroma… y, en el idioma del PPWR, es casi un caso de “reprobado”: justo el tipo de embalaje que en el post 3 vimos que difícilmente alcanza siquiera el grado C, porque sus capas no se pueden separar para reciclar. Dicho de otra forma: la bolsa de café tostado es, en materia de embalaje, mucho más parecida a la botella de la bebida energética del Caso 2 que al saco del Caso 1.

Y el giro no es solo de reciclabilidad. Al empacar bajo marca propia y, sobre todo, si vendemos directo al consumidor europeo, dejamos de ser el proveedor invisible y pasamos a ser “el productor” con toda la carga que eso implica: reciclabilidad de la bolsa, minimización, tarifa de RAP modulada según la nota del envase y —el punto que más se subestima— el representante autorizado en cada país. Es decir, el café con valor agregado hereda a la vez lo peor de los dos casos: el EUDR del Caso 1 y el PPWR pleno del Caso 2.

La lección estratégica es incómoda pero valiosa: subir en la cadena de valor —que es exactamente lo que queremos para el desarrollo de nuestros países— sube también, y de golpe, la carga regulatoria del embalaje. Por eso, quien esté planeando pasar del grano verde al café de marca debe presupuestar, desde el primer día, el rediseño de esa bolsa multimaterial hacia estructuras mono-material reciclables (mono-PE, mono-PP o soluciones de papel de alta barrera). No es un detalle técnico menor: puede ser la diferencia entre que nuestra marca entre al anaquel europeo o se quede en la aduana.

Dato clave para el caficultor: si exporto café verde, concentrar el 90% del esfuerzo en el EUDR ahora y dejar el forro plástico como un rediseño tranquilo hacia 2028–2029. Pero si mi plan es exportar café tostado o molido bajo marca propia, entonces debo tratar mi bolsa como lo que es —un embalaje de “Caso 2″— y sumarle desde ya el rediseño y la figura del representante autorizado.

Caso 2: La bebida energética — el PPWR en su versión más exigente

Ahora el otro extremo. Una bebida energética embotellada bajo marca propia y vendida al consumidor europeo es, básicamente, un catálogo andante de obligaciones del PPWR:

  • Contenido reciclado (post 4): si va en botella PET, necesitará que como mínimo el 30% del total fabricado con un plástico reciclado desde 2030 (y las botellas de bebida de un solo uso saltan al 65% en 2040). Aquí revive todo lo que hablamos de asegurar proveedor de rPET y hacer análisis de costos con proyecciones muy rigurosas con suficiente tiempo y visión estratégica.
  • Reciclabilidad y metas de reutilización (post 5): las bebidas tienen meta propia de reutilización (10% en 2030), y el envase debe alcanzar grado A, B o C.
  • Sistemas de depósito y devolución (SDDR): las latas y botellas de bebida quedan sujetas a los sistemas de depósito que los Estados miembros deben tener para alcanzar el 90% de recolección en 2029. Esto afecta el diseño y el etiquetado del envase y, por lo tanto, al equity de las marcas.
  • RAP y representante autorizado (post 6): aquí sí. Si vendemos bajo marca propia o directo al consumidor, el productor somos nosotros, con toda la carga: registro y representante autorizado en cada país donde vendamos, desde el 12 de agosto de 2026.

Traducción para la bebida: el EUDR no aplica (no lleva commodities de la lista), pero el PPWR pega con todo. Aquí la prioridad es exactamente la inversa a la del café y por lo tanto necesitamos elaborar una hoja de ruta estratégica clara.

La hoja de ruta que se nos viene

Con los dos casos claros, así se verá el calendario de acción común para los próximos 12 a 24 meses:

Ahora y hasta la primavera de 2027 (lo inmediato):

  1. Mapear “el productor” contrato por contrato de todas nuestras materias primas (desde los pellets de plástico, hasta los pesticidas y plaguicidas en la agricultura y en la fabrica de plásticos). ¿Quién coloca primero el producto en el mercado? De esa respuesta depende casi todo. (Café: casi siempre el comprador. Bebida de marca propia: nosotros.)
  2. Café: arrancar el EUDR ya. Geolocalización de parcelas y expediente de diligencia debida antes del 30 de diciembre de 2026. Es lo único que tiene fecha inminente.
  3. Bebida de marca propia: designar representante autorizado en cada país destino (exigible desde agosto de 2026) y completar la declaración de conformidad y documentación técnica del envase.

A lo largo de 2027 (construir cimientos):

  1. Levantar la base de datos única de trazabilidad —finca, materias primas para cultivo y producción industrial, medición de huella de carbono, documentación para TODO— hacerla pensando en alimentar nformación compartida para el EUDR, el PPWR y el futuro Pasaporte Digital de una sola vez. Es la inversión que se paga sola.
  2. Auditar cada componente del embalaje: identificar todo plástico (forro del café, botella de la bebida, etiquetas, tintas, liners, aceites, pegamentos, etc, etc, etc) y su composición exacta, pidiéndosela a los proveedores.
  3. Bebida: asegurar cuando se pueda proveedor de rPET con contrato y volumen, antes de que el mercado se tense hacia 2029 y analizar costos de fabricación con una visión de largo plazo y de rentabilidad del negocio.

De 2027 a 2028 (rediseñar con calma):

  1. Rediseñar hacia mono-material y tamaño justo: menos “aire”, mejor nota de reciclabilidad y menor tarifa de RAP. Doble premio, como vimos.
  2. Café: resolver el forro plástico hacia una estructura reciclable.
  3. Vigilar los expedientes vivos: los paquetes “Ómnibus” que reescriben estas normas y la conexión del Pasaporte Digital a la aduana.

Mirando a 2030 (la gran ola): es cuando entran en vigor las cuotas de contenido reciclado, los grados de reciclabilidad obligatorios, las metas de reutilización y la modulación de tarifas de RAP. Todo lo que sembremos en 2027 madura justo a tiempo para esa fecha.

La idea con la que quiero cerrar la serie sobre el PPWR

Si hay una sola idea que me gustaría que quedara de estos ocho posts, es esta: la circularidad europea dejó de ser un discurso ambiental y se convirtió en una condición de acceso al mercado.

Por eso, resulta falaz presentar la actual agenda europea de “competitividad” y “simplificación” como si implicara un abandono de la sostenibilidad o un regreso al paradigma económico anterior. La propia legislación europea demuestra lo contrario: circularidad, eficiencia en el uso de recursos, reciclabilidad, trazabilidad, reducción de residuos y sostenibilidad ya están incorporadas estructuralmente en las reglas que determinarán cómo se produce, se envasa y se comercializa en el mercado europeo.

La simplificación podrá modificar procedimientos, cargas administrativas o mecanismos de cumplimiento; no significa desmantelar la transición hacia una economía circular. Competitividad y sostenibilidad ya no son agendas separadas: la UE está intentando integrarlas dentro de un mismo modelo económico e industrial.

Y esa es quizá la conclusión más importante: la circularidad está aquí para quedarse. No será opcional, no pertenece a un futuro lejano y, para quienes quieran seguir exportando a Europa, tampoco será algo que pueda resolverse a última hora.

Pero —y este es el giro optimista— tampoco es una condena para quienes luchamos con nuestros costos y con la capacidad de inversión en tantos requisitos, certificados de trazabilidad y documentación detallada. El exportador que se anticipe, con visión estratégica y que que construya su trazabilidad una sola vez y entienda que el PPWR, el EUDR, el CBAM y el ESPR son un mismo sistema, no solo cumplirá: llegará a la mesa de su comprador europeo con una ventaja que sus competidores, mientras que los que vengan corriendo a última hora no tendrán. Convertimos así un iceberg en un mapa y un obstáculo en una diferenciación que servirá para empezar hoy a priorizar acciones.

Como ha seguido ocurriendo en este escenario de decisiones democráticas que caracteriza a la UE, es muy probable que los reglamentos que hemos visto continúen cambiando y avanzando. Además, los textos y las fechas cambian,y seguramente tendremos que seguir actualizandonos por acá con nuevos updates y sorpresas regulatorias en la UE.

La serie completa, para quien quiera revisar el detalle:

  1. El PPWR en aplicación y cómo el embalaje es apenas la punta del iceberg
  2. Qué exige realmente el PPWR: obligaciones núcleo y calendario 2026–2040
  3. Hablemos de reciclabilidad en el PPWR: el método de calificación que usará la UE
  4. Con el PPWR, en 2030 el plástico reciclado será el nuevo oro de Europa
  5. No más “usar y desechar”: rediseño, reutilización y recarga en el PPWR (B2B y B2C)
  6. Con el PPWR, ¿quién pagará la factura? La RAP y el representante autorizado
  7. El PPWR no está solo: cómo el ESPR, el Pasaporte Digital, el EUDR y el Ómnibus I forman un solo sistema
  8. Este último post: ejemplos de una hoja de ruta práctica para los próximo 12 a 24 meses.

Las opiniones y análisis expresados en este texto son estrictamente personales del autor, se basan exclusivamente en información de acceso público y no representan la posición de ninguna institución ni gobierno.

El TLC con Europa, la inversión segura

“Institutions are the rules of the game in a society… The major role of institutions in a society is to reduce uncertainty by establishing a stable (but not necessarily efficient) structure to human interaction.” Douglass C. North

Ya casi se cumple el año de la guerra arancelaria que arrancó el 02 de abril de 2025. Y desde entonces, sí algo sabemos los que trabajamos en el comercio exterior, es que la rentabilidad rara vez se pierde por “falta de calidad”. La mayoría de las veces se pierde por incertidumbre y otro tanto por la crisis climática. Desde hace un año, un arancel que sube de un día a otro, un cargo extra “temporal” que cambia los costos ya pactados o una regla que obliga a renegociar precios cuando el contenedor ya va en ruta pueden ser la diferencia entre dormir tranquilos o no.

En ese contexto crítico en que vivimos, los exportadores centroamericanos tienen una gran oportunidad en el tratado de libre comercio, oficialmente conocido como Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea (AdA CA-UE). El “AdA”, como coloquialmente conocemos, es una herramienta que ayuda como un ancla a las exportaciones de la región. Este acuerdo, en vigencia desde 2013 ofrece una total estabilidad arancelaria y una desgravación bajo reglas claras y certeras. Además, el acuerdo cuenta con pilares vigentes de Cooperación y Política que contribuyen a resolver problemas por potenciales barreras no arancelarias.

Mientras en otros mercados clave de Centroamérica hay alta volatilidad. Acuerdos como el AdA ofrecen ese respiro para proteger las inversiones de los exportadores que diversifican sus exportaciones. La más reciente publicación de la Casa Blanca, el 20 de febrero de 2026, imponiendo un recargo temporal de importación bajo la Sección 122 de la Trade Act de 1974,entará en vigor el día de mañana 24 de febrero de 2026. Esta decisión tendrá covbertura sobre todas las importaciones al establecer un 10% arancelario por encima de los aranceles existentes (con algunas excepciones aún pendientes de ser resueltas).

El AdA reduce sorpresas y mejora márgenes

Ante mercados inestables, la estabilidad no solo reduce sorpresas comerciales, sino que incrementa los márgenes, promueve contratos más largos y asegura más oportunidades de inversión en valor agregado.

El AdA está diseñado para reducir aranceles y mejorar eficiencia aduanera, pero su beneficio más subestimado es la previsibilidad con reglas claras, cronogramas de desgravación y de revisiones y procedimientos que no cambian por impulso político. En términos arancelarios, la UE resume así el efecto del acuerdo:

  • La UE acordó eliminar aranceles para 73% de sus líneas agrícolas, equivalentes a ~64% de importaciones agrícolas desde Centroamérica.
  • Entre los bienes que pueden entrar libres de derechos se mencionan café, camarones, aceite de palma, piñas y melones.
  • Productos sensibles como azúcar y ron pueden entrar en la UE dentro de contingentes libres de derechos.

En otras palabras: si Guatemala exporta agroindustria (y especialmente agroindustria con diferenciación), el acuerdo crea un terreno muy sólido y estable para crecer y hacer contratos de largo plazo.

Cuando el arancel se vuelve una variable política, los aranceles salen aún más caros

La diferencia entre un marco estable y uno volátil se ve en las potenciales exportaciones que una empresa genera todos los días con potenciales clientes. Por ejemplo, tomemos estas variables:

  • Cotizaste a 90 días.
  • Cerraste precio con el comprador.
  • Programaste producción y empaque.
  • Reservaste flete e invertiste en tener el producto listo para exportar.

Sin embargo, de forma repentida aparece un recargo general (temporal o “de emergencia”) que subirá el costo de entrada tal y como ocurrirá a partir de este mes de febrero, 2026. En la práctica, la implementación de la Sección 122 afectará al exportador con:

  • erosionar márgenes del importador que
  • provocarán pedidos más pequeños o intermitentes en el futuro y que quizás,
  • obligarán al importador a renegociar precios para ser cauteloso y/o
  • empujar al importador a “cubrirse” con proveedores alternativos intl. o locales.

Mientras tanto, el exportador Centroamericano se encontrará atado de manos para tomar decisiones planificadas. Mientras tanto, el AdA que ofrece un sistema arancelario preferencial predecible dará la certeza necesaria para distribuir el riesgo y cumplir con los altos estándares de calidad que la región exige (geolocalización de parcelas, reglas de etiquetado, diseño circular, trazabilidad y diligencia debida, entre otros) convirtiéndose en diferenciadores competitivos.

La ventaja competitiva de 2026 se llama previsibilidad

En un entorno donde el arancel puede convertirse en una “decisión política” de un día para otro, la pregunta estratégica para el exportador centroamericano ya no es únicamente a qué mercado vender, sino bajo qué reglas vale la pena invertir. Porque invertir en valor agregado —marca, empaque, certificaciones, trazabilidad, innovación de producto— requiere una visión de largo plazo y estrategia visionaria. Y ese horizonte estrátegico se construye con instituciones que reduzcan incertidumbre, como advertía Douglass North.

El Acuerdo de Asociación CA-UE debe utilizarse como algo más que un tratado comercial. Debemos utilizarlo como una herramienta empresarial que construya estabilidad comercial. Su valor no está solo en la desgravación arancelaria, sino en la capacidad de permitirte planificar, fijar precios con mayor seguridad, negociar contratos de largo plazo y sostener relaciones comerciales sin el sobresalto permanente de recargos “temporales”. Exportar a Europa es para Centroamérica una apuesta mucho más certera.

Por supuesto, exportar a la UE trae también sus propias exigencias y quienes las aprenden a implementar, las convierten rápidamente en grandes ventajas. El exportador centroamericano que cumple origen y reglas y que también tiene un producto con valor agregado que cumple estándares, tiene a su total acceso un mercado que premia con contratos de largo plazo, reputación y mejores oportunidades para posicionarse en nichos de mayor valor.

En 2026, competir no es solo producir bien, sin aprender a vender bien bajo reglas estables y diversificar las exportaciones. Si tu empresa quiere crecer sin apostar su rentabilidad a la volatilidad, vale la pena explorar el AdA a profundidad: identificar tu código arancelario, revisar reglas de origen, mapear requisitos y convertir la previsibilidad en estrategia. El acuerdo AdA está ahí y la oportunidad es usarlo con mucha visión y estrategia.

Feudalismo climático en el nuevo orden global

Esta semana se reunieron los jefes de Estado, CEOs y organismos multilaterales en el World Economic Forum de Davos para debatir sobre los cambios globales. Los debates giraron en torno a la fragmentación del comercio, seguridad económica, la necesidad de continuar la transición verde y la complicada reconfiguración de las cadenas globales de valor. Como se pudo ver en las presentaciones de los líderes del norte global, el tono dominante no fue el optimismo por la globalización democratizadora de décadas pasadas, sino el de la gestión del riesgo a nivel local-regional, la resiliencia selectiva y delimitada a intereses de seguridad económica y la protección estratégica de intereses nacionales. Para quienes observamos estos debates desde el Sur Global, Davos nos da conclusiones claras: el comercio internacional ya no se concibe como un espacio neutral de integración transcontinental, sino como un campo de disputa de intereses que nos hacen recordar las relaciones entre el centro-periferia con jerarquías muy demarcadas por los condicionamientos climáticos, la geopolítica y la búsqueda de poder explícito.

Pero esto no es nuevo. Desde una perspectiva interdisciplinaria y global, en la que analizamos los fenómenos económicos, políticos y ambientales como procesos interconectados a escala internacional, este momento puede entenderse como una coyuntura crítica (critical juncture), en la que decisiones políticas y económicas adoptadas en el corto plazo tienen el potencial de reconfigurar de manera duradera las trayectorias institucionales, comerciales y de poder entre regiones. Esta reconfiguración fue curiosamente muy bien analizada por académicos preocupados por los límites ecológicos del crecimiento y la concentración del poder económico. Desde entonces se anunciaba el riesgo “futuro” de una neofeudalización del orden global que aparentemente se ha acelerado en estos últimos años.

Límites ecológicos y el fin del comercio “neutral”

El debate intelectual se remonta a los años setenta, cuando el Club de Roma cuestionó en 1972 la sostenibilidad de un sistema económico basado en la expansión material ilimitada. A partir de entonces, autores clave que estudiamos como el antiindustrialista Ivan Illich o el economista keynesiano E. F. Schumacher advirtieron en sus obras que los sistemas productivos intensivos en energía y capital generaban dependencias estructurales y erosionaban la autonomía de comunidades y economías periféricas.

Junto a ellos, desde la tradición del liberalismo económico clásico, economistas como Friedrich Hayek advirtieron desde la década de 1940 que la combinación de crisis, planificación centralizada y concentración del poder regulatorio tendría la inevitable capacidad de desembocar en una regresión institucional comparable a formas premodernas de dominación. En la obra Caminos de Servidumbre, Hayek sostuvo que, bajo contextos de emergencia (económica, social o ambiental), los Estados tienden a justificar una expansión del control sobre la producción, el comercio y la asignación de recursos, erosionando la competencia y sustituyéndola por relaciones de dependencia jerárquica. Desde esta óptica, la feudalización del siglo XXI no surge por exceso de mercado, sino por su supresión selectiva: cuando el acceso a energía, tecnología, financiamiento o mercados queda mediado por permisos, subsidios condicionados y alianzas político-corporativas, el sistema económico se transforma en un orden de vasallaje regulatorio, donde pocos actores “protegidos” concentran poder y el resto depende de su acceso. Junto a él, otro de mis favoritos, Milton Friedman, alertó que la sustitución de mercados abiertos por capitalismos administrados, incluso con fines supuestamente nobles como la seguridad o la “estabilidad”, conduce a estructuras rígidas y excluyentes. Según explicaba Friedman, cuando el comercio deja de operar bajo reglas generales y previsibles y pasa a organizarse mediante excepciones estratégicas, sanciones o aranceles, controles tecnológicos y proteccionismo selectivo, se consolida una economía de privilegios que recuerda más a un orden feudal corporativo que a un sistema competitivo en el cual los vasallos tienen las de perder. Desde esta visión clásico-liberal, la actual fragmentación del comercio internacional se está acelerando con la guerra comercial, políticas industriales altamente proteccionistas en el norte global y por regulaciones no armonizadas que están siendo disfrazadas como “regulaciones climáticas”; ante esto, corremos el riesgo de que se esté institucionalizando una jerarquía global donde centros económicos aseguran su resiliencia mediante poder normativo y coerción, mientras las periferias quedan atrapadas en relaciones de dependencia estructural, con movilidad económica limitada y escasa capacidad de decisión soberana.

En el primer cuarto del siglo XXI, estas advertencias se reflejan en un comercio internacional cada vez más condicionado por huellas ambientales, estándares regulatorios complejos y barreras técnicas disfrazadas de preocupaciones ambientales que afectan de manera desproporcionada a los países del Sur Global y a las economías emergentes . La crisis climática no solo redefine qué se comercia, sino quién puede hacerlo y en qué condiciones.

Escasez, poder y comercio como instrumento geopolítico

A finales de los años setenta, el  pionero en el movimiento medioambiental moderno William (Patrick) Ophuls planteó que la escasez ecológica conduciría al debilitamiento del liberalismo económico y a la emergencia de órdenes más jerárquicos y coercitivos (léase el autoritarismo tan popular entre las democracias occidentales), que él mismo calificó como “neomedievales”. Esta lógica es visible hoy en el uso del comercio como herramienta de poder estratégico con el apoyo de la población y en detrimento de los principios básicos protegidos en la Carta de las Naciones Unidas.

La administración del gobierno estadounidense actual marcó un punto de inflexión al normalizar la “Guerra Comercial” (un término con una larga historía que empezó a aparecer en la prensa económica anglosajona a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, especialmente en contextos de proteccionismo arancelario entre potencias industriales). La versión actual, es una guerra comercial sin precedentes entre los países del norte global industrializados, basada en aranceles, sanciones y controles tecnológicos. Más allá de su liderazgo, este enfoque neoconservador consolidó finalmente en la práctica, la visión del comercio como mecanismo de dominación y alineamiento político que se había mantenido constante y tras bambalinas de grupos politicos y académicos estadounidenses desde el siglo pasado. El debilitamiento del multilateralismo comercial y la fragmentación de la OMC son consecuencias directas de este giro y su resultado acelera la feudalización global.

Cambio climático, regulación y nuevas jerarquías centro-periferia

Desde el Sur Global, los debates de Davos sobre transición verde y comercio “sostenible” revelan una tensión central. Si bien los líderes continúan reconociendo que los objetivos climáticos son legítimos, su implementación se ha debilitado reforzando las relaciones centro-periferia históricas mediante regulación asimétrica, ajustes en frontera y exigencias de diligencia debida sin que estas vayan acompañadas de financiamiento, transición justas, incentivos a la transferencia tecnológica y el factor clave del reconocimiento de las responsabilidades diferenciadas.

Aquí resulta clave la aportación del sociologo y economista Ulrich Beck que explicó en los 80s que los riesgos ambientales se distribuían de forma desigual y que los actores (países y multinacionales) con mayor capacidad económica pueden comprar resiliencia, asegurar acceso a mercados y proteger sus cadenas de suministro; y que, por nuestra parte, los países periféricos, en cambio, internalizamos los costos de adaptación climática sin potencializar plenamente a los beneficios del comercio internacional. Este fenómeno ha sido reconceptualizado recientemente como feudalismo climático y explica cómo empieza a surgir en nuestra época un nuevo sistema global en el que la seguridad climática, económica y comercial se privatiza y concentra.

El comercio global como arquitectura neofeudal

Desde una lectura estructural que aún se está configurando, el orden comercial actual presenta rasgos inequívocos de neofeudalización:

  • Centros que definen nuevas normas, redefinen valores y que controlan tecnologías, finanzas y acceso a mercados.
  • Periferias obligadas a cumplir estándares crecientes, exportar recursos naturales y asumir riesgos climáticos.
  • Relaciones de realineamiento estratégico que sustituyen principios universales como la no discriminación y el trato especial y diferenciado.

Sobre esto, las advertencias ya se han venido acumulando desde hace décadas por ambientalistas y ecólogos como Richard Heinberg, científicos en inteligencia artificial como Raymond Kurzweil e incluso por urbanistas como Ramón Fernández Durán que no solo anticiparon que la crisis climática y energética del siglo XXI conduciría a procesos de refeudalización económica y social sino que alertaron de la velocidad en que estos cambios se realizarían. Lo que hoy se discute en Davos confirma que estas dinámicas ya no son teóricas.

El mundo que viene

Los debates de Davos muestran un mundo que se reorganiza alrededor del riesgo, la escasez y finitud de los recursos naturales y la acumulación de poder y reconfiguración de alianzas, más que de la cooperación regional y global. Desde el Sur Global, el desafío de los gobiernos será potencializar sus beneficios ante las crecientes amenazas climáticas y la fragmentación geopolítica que consolidará un sistema comercial jerárquico cada vez más claro.

La agenda que viene es un gran reto y requerirá que continuemos fomentando una visión del comercio internacional como herramienta de desarrollo y justicia ante estas nuevas condiciones geopoliticas, y no como mecanismo de subordinación. Las advertencias formuladas por intelectuales de distintas especialidades desde el siglo pasado nos deben servir hoy como un un marco indispensable para comprender —y disputar— el rumbo del orden económico global.


Referencias bibliográficas sugeridas

  • Ulrich Beck: La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad
  • Club of Rome: Los límites del crecimiento
  • Raúl Prebisch: El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas
  • Celso Furtado: Formación económica de Brasil
  • Ramón Fernández Durán: El inicio del fin de la energía fósil
  • Friedrich A. Hayek: Camino de servidumbre
  • Friedrich A. Hayek: La constitución de la libertad
  • Richard Heinberg: El pico de todo: despertando al siglo de los descensos
  • Ivan Illich: Energía y equidad
  • Ludwig von Mises: La acción humana: tratado de economía
  • Ludwig von Mises: Burocracia
  • Lewis Mumford: El pentágono del poder
  • William Ophuls: Ecología y política de la escasez
  • Marta Peirano: Contra el futuro: resistencia ciudadana frente al feudalismo climático
  • E. F. Schumacher: Lo pequeño es hermoso: economía como si la gente importara
  • Karl Polanyi: La gran transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo
  • James C. Scott: Ver como un Estado: cómo ciertos esquemas para mejorar la condición humana han fracasado
  • Wolfgang Streeck: Comprando tiempo: la crisis aplazada del capitalismo democrático
  • Joseph A. Schumpeter: Capitalismo, socialismo y democracia
  • Daniel Yergin: El nuevo mapa: energía, clima y el choque de las naciones
  • Blog con más contexto del significado de las gráficas: McKenzie, B. Economía más allá de los límites de la Tierra

Salud no es ausencia de enfermedades, es bienestar

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En el curso del doctorado en Desarrollo Sostenible que estudio actualmente, explicaba el doctor Luján Lunsford cuáles eran los retos socioeconómicos y culturales de buscar soluciones a la situación de la salud en Guatemala. Muy claro fue su análisis para explicar que la salud no es ausencia de enfermedades. Especialmente, en países como Guatemala con tan compleja geografía, clima, cultura y sistemas económicos. De esta sesión sale este breve artículo para meditar.

La salud, tradicional e históricamente definida como la ausencia de enfermedad, es una interpretación estrecha que no logra captar ni la complejidad del bienestar humano ni el difícil recorrido humano de las ciencias de la salud que se han enfocado en enterrar pacientes. Particularmente en países tropicales como Guatemala, esta visión limitada pasa por alto la naturaleza multifacética de la salud. Un enfoque más integral considera factores que tienen al centro una visión de análisis global y de desarrollo sostenible. Estos factores deberían de analizar las interrelaciones de factores físicos, mentales, sociales y ambientales, reconociendo que la salud es una interacción intrincada de varios elementos que contribuyen al bienestar general de un individuo. Esta perspectiva holística es crucial para abordar los desafíos únicos que enfrentan las regiones tropicales, donde factores como el clima, las condiciones socioeconómicas y el acceso a la atención médica desempeñan un papel importante en los resultados de salud y en los subsecuentes estilos de vida que requieren del uso de productos químicos, fertilizantes y pesticidas que protejan los cultivos y permitan llevar los alimentos a las mesas de Guatemala y de Europa.

Una visión holística de la práctica del principio de Bienestar en el uso de la tecnología yasegurar beneficios económicos y a la salud de los humanos y del planeta

Los desafíos en los países tropicales

En Guatemala, el clima tropical crea un conjunto único de desafíos de salud, incluida la prevalencia de enfermedades transmitidas por vectores como la malaria y el dengue y que se han agravado con el surgimiento del Covid y sus variantes. Sin embargo, abordar estas enfermedades por sí solo no es suficiente para fomentar una población sana. ¿Pero qué es una población sana? Una definición común es la de “aquella que consigue disponer de bienes suficientes para sobrevivir y crece con el excedente que se genera entre lo que produce y lo no consume en mantenimiento, sino lo invierte en su crecimiento.”

Las altas tasas de desnutrición, el acceso limitado al agua potable y el saneamiento inadecuado también afectan significativamente la salud y dificultan identificar qué es una condición “normal” de salud humana. Además, las disparidades socioeconómicas exacerban estos problemas, dejando a las comunidades marginadas particularmente vulnerables y en la mayoría de los casos fuera de los indicadores y encuestas nacionales de condiciones de vida. Por lo tanto, un enfoque holístico de la salud en Guatemala debe abarcar una gama más amplia de determinantes, incluyendo no solo la nutrición, la educación y los servicios sociales sino la felicidad y la estabilidad emocional.

¿Pero qué es el bienestar?

El bienestar implica múltiples dimensiones, cada una de las cuales contribuye a la salud general de las personas y las comunidades. El bienestar físico es fundamental y abarca una nutrición adecuada, ejercicio y acceso a atención médica. Es un proceso intergeneracional de familias que han mantenido condiciones de buen vivir y les han asegurado visiones de vida en las que la enfermedad es resultado de situaciones excepcionales. La salud mental es igualmente importante y requiere sistemas de apoyo para el estrés, la ansiedad y otras afecciones psicológicas y la vida de bienestar implica un amplio cuidado por la salud mental como por la salud física.

El bienestar social implica la calidad de las relaciones y el apoyo comunitario, que son esenciales para la salud emocional y mental de forma continuada y retroactiva. La salud ambiental considera el impacto de las condiciones de vida, como el aire y el agua limpios, la vivienda segura y los espacios verdes. La estabilidad económica y las oportunidades educativas también desempeñan un papel crucial a la hora de permitir que las personas lleven una vida sana y plena.

Fotografía de un retiro de yoga ubicado en el lago de Atitlán, Guatemala

En estas condiciones, ¿qué requisitos deberían de cumplir nuestras sociedades para vivir en bienestar?

Crear una sociedad que promueva el bienestar integral requiere un enfoque multifacético. En primer lugar, es necesario fortalecer los sistemas de salud para brindar servicios integrales que vayan más allá del tratamiento de enfermedades e incluyan atención preventiva, apoyo a la salud mental y educación sanitaria. En Guatemala, esto significa mejorar la infraestructura de atención médica, capacitar a más profesionales de la salud y garantizar el acceso equitativo a los servicios en las áreas urbanas y rurales. Ir más allá de cuidar la salud por el afán de la salud no es suficiente y requiere de una planeación de largo plazo que permita construir las condiciones mínimas de bienestar intergeneracional. Esto implica la contribución estatal constante y enfocada en la reducción de las desigualdades y la construcción de sistemas de servicios públicos que construyan ambientes seguros, espacios verdes y zonas de reunión culturales y sociales.

Importancia de las políticas sociales y económicas

Las políticas sociales deben abordar las causas profundas de las disparidades en salud. Esto incluye implementar programas para combatir la desnutrición, mejorar el agua y el saneamiento y brindar educación y oportunidades económicas. Por ejemplo, los programas de nutrición comunitarios pueden ayudar a abordar la malnutrición, mientras que las inversiones en educación pueden dotar a las personas de los conocimientos y habilidades necesarios para mejorar su salud y sus medios de vida. Las políticas económicas deben apuntar a reducir la pobreza y proporcionar redes de seguridad social, asegurando que todos los ciudadanos tengan los recursos necesarios para mantener su salud. Repensando la salud, los hospitales deberían de dejar de funcionar como centros de captación de enfermos y convertirse en centros de integración social y de participación de la comunidad que sumen a un bienestar integral de las comunidades. En sociedades con mayor bienestar, es muy común ver hospitales rodeados de plazas, jardines y puntos colectivos de reunión y de transporte. El hospital en estos lugares se convierte en una institución de construcción social y no de obnulación y alienación como suele ocurrir con los hospitales que vemos se construyen aún hoy en día con altos muros, barrotes y territorios alejados del acceso de las personas “sanas”.

La salud en países tropicales como Guatemala no puede abordarse adecuadamente centrándose únicamente en la ausencia de enfermedades. Decir que quienes vivimos en estos países vivimos “sanamente” requiere de una comprensión y de un enfoque holístico que abarque el bienestar físico, mental, social y ambiental como factores esenciales para redefinir las condiciones en las que vivimos.

Al fortalecer los sistemas de salud, implementar políticas sociales y económicas integrales, involucrarnos más en nuestras comunidades y promover la gestión ambiental de los recursos naturales que compartimos, Guatemala puede crear una sociedad que apoye el bienestar integral y nos permita a todos prosperar en comunidad. Lograr esto no es difícil siempre y cuando se cuente con una voluntad comunitaria unificada en construir estas condiciones de vida. Lograr el desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida en general debe partir por construir sociedades que vivan realmente sanas y en bienestar.

Índice de Libertad de Prensa 2024

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Por un año más ha sido publicado el Índice Mundial de Libertad de Prensa de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF). Este informe es una herramienta muy importante para revelar la situación de la Libertad y la Democracia en el mundo. El índice no solo evalúa la libertad sino la capacidad de los estados para proteger a sus ciudadanos y fortalecer el estado de derecho.

Este índice es especialmente importante para países del sur global que, como Guatemala, han venido luchando por muchas décadas con la falta de transparencia y la corrupción campante de sus sistemas económicos y políticos. En nuestros países, el giro de estos indicadores hacia caminos positivos es el resultado de planes concretos y con metas de largo plazo para combatir el terrible impacto que la corrupción e impunidad tienen sobre la vida humana en general.

En regiones donde la corrupción puede obstaculizar gravemente el desarrollo, una prensa libre es esencial para descubrir y denunciar malas conductas gubernamentales e institucionales. El índice enfatiza que, para fiscalizar a quienes están en el poder, los medios deben ser capaces de garantizan que el público permanezca informado sobre las acciones gubernamentales de forma libre de coerción y amenazas.

La libertad de prensa es también un indicador importante del potencial de crecimiento económico de los países del sur global ya que los inversionistas correlacionan una mayor libertad de prensa con una mayor democracia y respeto del estado de derecho.

A mayor libertad de prensa = mayor transparencia de los gobiernos

Los países con puntuaciones más altas en materia de libertad de prensa suelen ser percibidos como de menor riesgo para la inversión, ya que atraen más capital extranjero y fomentan un mejor entorno empresarial. Además, una prensa libre facilita la eficiencia del mercado al proporcionar información crítica sobre las condiciones del mercado, lo que permite a las empresas y a los consumidores tomar decisiones más informadas.

Para el año 2024, Guatemala cayó al puesto 138 versus la posición 127 en 2023. El país cayó once puestos abajo del listado y se posiciona en una situación difícil luego de varios gobiernos de opresión judicial y ataques directos contra los medios de comunicación por el gobierno, la alianza del conocido “Pacto de Corruptos” y militantes de la extrema derecha que resienten los derechos de la población por informarse y crear sus propios criterios.

Al respecto, en una entrevista dada por la periodista y defensora de la libertad de expresión Evelyn Blanck, indicó que era una “alerta que los informadores que se han visto obligados a salir de Guatemala están en una situación “muy crítica” y que aún no hay condiciones para que regresen al país, pese al giro positivo en cuanto a la prensa que se ha dado con el Gobierno del nuevo presidente Bernardo Arévalo de León.” El retorno de mayores libertades y de periodistas y jueces que se mantenían críticos de los dos últimos gobiernos continúa siendo amenazado por un sistema judicial cooptado por la corrupción y por múltiples personas acusadas de vínculos con el crimen organizado, la corrupción y el narcotráfico según la Ley Magnitsky, la Lista Engel, la Unión Europea y muchos otros gobiernos amigos de Guatemala.

La libertad de prensa es una de las piedras angulares de una nación de ciudadanos libres. Es un principio clave en la ideología política del liberalismo clásico. Los argumentos expuestos en Areopagitica (1644) de John Milton y On Liberty (1859) de John Stuart Mill siguen siendo pilares indiscutibles que abogan por la impresión sin licencia, que sirve como elemento vital de la literatura y la libre expresión.

Una prensa verdaderamente libre sólo puede existir cuando existe control privado sobre los medios de producción. En un estado socialista, donde el gobierno posee y opera todas las instalaciones de publicación e imprenta, la noción de prensa libre está inherentemente comprometida. Sin propiedad privada, la diversidad de puntos de vista y la independencia de los medios de comunicación se ven gravemente restringidas.

Los individuos tienen la libertad de elegir lo que leen y opinar y discutir con otros, pero la situación cambia cuando las personas se ven amenazadas con graves represalias por patrocinar determinadas publicaciones o filosofías. En muchos países como Guatemala, los editores enfrentan el temor de boicots por parte de sindicatos o poderes oligárquicos, lo que los lleva a evitar discusiones abiertas y, a menudo, a ceder a las demandas de las élites políticas y económicas. Esto socava la independencia de la prensa y sofoca la libre expresión.

En su esencia, la libertad de prensa no se trata sólo de la capacidad de publicar, sino también de mantener la independencia y la diversidad que permiten a la sociedad y a cada uno de nosotros criticar nuestro actuar y reflexionar sobre nosotros mismos. Esta libertad es crucial para una sociedad vibrante y democrática y debe protegerse ferozmente contra cualquier forma de represión para que, en los próximos años del gobierno, logremos recuperarnos del terror y violaciones de la libertad individual y de prensa que han impuesto las cortes corruptas y el MP.