Hablemos de reciclabilidad en el PPWR. El método de calificación que usará la UE.

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Empecemos con una imagen muy común en muchos de los productos de menor valor que se producen para los mercados más económicos. Por ejemplo, pensemos en la más económica de las bolsas de del café de exportación con un empaque multicapa.

Para quienes no conozcan el término, un empaque multicapa se compone de varias capas de distintos materiales (plásticos, cartón, aluminio u otros) que tienen como objetivo proteger el café en el interior del ejemplo que revisaremos.

Normalmente, estos empaques tienen una capa de lámina de aluminio como barrera, muchas veces de color negro brillante y con su válvula desgasificadora. Su función clave es conservar el aroma y proteger el café. Sin embargo, según el nuevo reglamento PPWR que hemos estado analizando en el post anterior, esta maravilla de la ingeniería está peligrosamente cerca de “reprobar” el examen que hará la Unión Europea. Esa bolsa (al igual que ocurrirá con el sachet de una mayonesa o de cardamomo molido, o la bandeja laminada para proteger las frutas, entre otros) este tipo de empaques será justamente el tipo de embalaje que el nuevo sistema de calificación europeo analizará con mucha atención.

En el post anterior ordenamos los cinco temas clave de obligaciones del Reglamento 2025/40 (PPWR). Hoy veremos el primero de estos tema y que es, además, el más decisivo para el ingreso a la UE: la reciclabilidad. A partir del año 2030, decir “este embalaje es reciclable” dejará de ser un adjetivo que uno se pone solo y se convertirá en una calificacion numérica que dará la UE según un análisis medido y verificable técnicamente, con consecuencias directas sobre el acceso al mercado.

De un adjetivo a una calificación

El punto clave está en el artículo 6 y en el Anexo II del reglamento PPWR. Según este artículo, a cada unidad de embalaje se le asignará un grado de reciclabilidad, calculado según el porcentaje por peso total del embalaje que realmente pueda reciclarse con los procesos industriales existentes. Ese cálculo tendrá una de estas calificaciones:

  • Grado A — 95% o más reciclable. Lo ideal máximo.
  • Grado B — 80% o más. Muy bien.
  • Grado C — 70% o más. Aprobado raspando.
  • Por debajo del 70% — “técnicamente no reciclable”. Reprobado.

Esta será una matiz que conviene manejar con precisión (y que nos posicionará mejor frente a quien solo haya utilizado un empaque con una calificación menor). En este sentido, el PPWR nombra formalmente solo tres grados —A, B y C— y mete todo lo que cae bajo el 70 % en un mismo cajón como reprobado. Al respecto, aún falta que se establezcan los detalles específicos de cómo se hará esta calificación detallada y técnica. Por lo que en el proceso veremos cómo se empezarán a utilizar estrategias de marketing para etiquetar embalajes, que para el reglamento serán, simplemente, no reciclable.

Fechas que hay que tatuarse desde ya y preveer su llegada:

El calendario de la reciclabilidad tiene tres hitos que debemos tener claros:

  • 1 de enero de 2028 — La Comisión Europea debe adoptar los Actos Delegados que fijarán los criterios de “diseño para el reciclaje” (Design for Recycling) y la metodología exacta de cálculo de cada grado. Es decir, la letra fina técnica todavía se está escribiendo. Hasta este momento podremos comparar con exactitud si el empaque que utilizamos tiene el punteo que aspiramos a tener para nuestro producto.
  • 1 de enero de 2030 — Entra el primer bloqueo. A partir de esta fecha solo podrán colocarse en el mercado los embalajes con grado A, B o C. Todo lo que reprueba (por debajo del 70 %) queda fuera.
  • 1 de enero de 2038 — El nivel de exigencia aumentará y se eliminará el grado C. Solo podrán ingresar los grados A y B. Y ojo con esto, porque es la trampa más común: un embalaje que en 2030 aprueba con “C” puede sentirse a salvo… y quedar fuera en 2038. Diseñar hoy pensando solo en el 70% es diseñar para un problema futuro. Por esto, es importante empezar desde ya a analizar empaques que no afecten la rentabilidad del negocio, que sostengan el equity de la marca y que busquen alcanzar los mayores niveles de reciclabilidad industrial requerido.

Cómo empezar a prepararse para conseguir la mejor nota (y ¿qué impactos negativos tendrá en productos como las bolsas de café?)

La evaluación se hará por unidad de embalaje, por peso, y por categoría de material (según el material predominante). Aquí está el detalle clave al que se deberá prestar atención: ya que cada componente se evalúa por separado (artículo 6.9), y todo componente que se separe con facilidad ayuda, mientras que todo componente que “contamine” al material principal, penaliza y le restará puntos.

El ejemplo que mejor lo ilustra es el frasco de vidrio con tapa metálica y etiqueta de papel: si la tapa y la etiqueta se separan sin problema, el conjunto puede alcanzar grado A. Pero si a este embalaje se le agrega una bolsa plástica adhesiva no reciclable y sin un mecanismo de separación por rasgado sencillo, esta nota A se desploma a C o D en un abrir y cerrar de ojos. Con esa lógica en la mano, se entiende por qué ciertos embalajes muy comunes en nuestras exportaciones son los grandes candidatos a reprobar. Es importante prestar atención a estos embalajes:

  • Laminados multicapa (film flexible con cinco o más capas que no pueden separarse fácilmente y rentablemente a nivel industrial): el pan de cada día de las bolsas de café y snacks.
  • Híbridos metal-plástico y estructuras con lámina de aluminio: barrera excelente, reciclabilidad pésima.
  • Plásticos de color negro con negro de humo (carbon black): un dato poco conocido es que uno de los peores enemigos de los clasificadores ópticos de las plantas de reciclaje es el plástico color negro. Así que muchas veces, un empaque negro será reprobado de forma automática por no ser detectable.
  • Composites y laminados permanentes como el tetrapack (cartón-plástico-aluminio pegados): imposibles de separar en la práctica de forma económica y rentable.

El giro de 2035: no basta con haber diseñado bien el nuevo emapaque

Y aquí viene la sutileza muy importante que separará al que leyó el reglamento PPWR del que verdaderamente lo entendió. A partir de 2035 se añade una segunda condición sobre la nota de diseño: la reciclabilidad “a escala” (artículo 6.5). No bastará con que el embalaje esté diseñado para reciclarse; habrá que demostrar que su material se recicla realmente, en volumen, a lo largo de la Unión Europea.

Son dos cosas distintas y no llegan al mismo tiempo. La primera (nuestro diseño) está bajo nuestro control y dependerá de cómo construimos el embalaje. La segunda (que exista una cadena real que recolecte, clasifique y recicle ese material en cantidad) dependerá del mercado europeo en cada uno de los países miembros, no de nosotros. Un embalaje puede tener un diseño impecable y aun así ser castigado a partir de 2035 si su flujo de reciclaje no existe a escala. Por lo tanto, por muy bonito que sea nuestro diseño será importante desde ya buscar no apostar por materiales “teóricamente reciclables” que en la práctica nadie recicla a escala.

¿Y las excepciones? Existen, pero no se confíe

El reglamento excluye del artículo 6 a siete categorías de embalaje y concede a los embalajes “innovadores” una exención temporal de cinco años (artículo 6.10). Es tentador buscar refugio ahí, pero no será tan fácil de demostrarlo según las normativas contiguas que se irán desarrollando desde la Comisión Europea. El consejo es no buscar hacer diseños nuevos aspirando a convertirse en una de estas siete excepcio´nes ya que son limitadas, temporales y sujetas a interpretación del analista de packaging. La ruta más recomendada y la segura es rediseñar.

¿Qué podemos empezar a hacer desde ya?

Mientras se publican los Actos Delegados de 2028, deberán empezar a revisar estas acciones:

  1. Hacer el inventario de cada componente de los embalajes. Cada referencia, su material predominante y sus componentes y crear un indicador propio para medir el nivel de reciclabilidad similar al del PPWR.
  2. Pedir a los proveedores la composición exacta. Número de capas, tipo de barrera, tintas, adhesivos. Sin ese dato no hay nota posible.
  3. Marcar en rojo los componentes sospechosos como los laminados multicapa, láminas de aluminio, plásticos negros, composites pegados.
  4. Explorar el mono-material a la vez que se analizan los incrementos de costos por utilizar otros plásticos y químicos más costosos. Estructuras de un solo polímero (PET, PP o PE) o soluciones de fibra/papel bien diseñadas son las que hoy apuntan a grados A o B —y, de paso, pagan tarifas de Responsabilidad Ampliada del Productor más bajas—. Sin embargo, para mantener las barreras de protección, sellado, rigidez, resistencia, compatibilidad, adhesión, laminación, migración, entre otras se requerirá invertir en materiales y tecnologías de barrera como:
    1. EVOH: alta barrera a oxígeno, sensible a humedad.
    2. Aluminio: barrera total a gases y luz.
    3. Metalizados (AlOx, SiOx): barrera intermedia con menor peso.
    4. Recubrimientos barrera: soluciones sin metal.
    5. Polímeros de alta densidad: barrera moderada que podría reducir la vida de anaquel.

Rediseñar un embalaje que proteja igual de bien el producto pero suba de nota no se logrará de un día al otro. Y a esto se tiene que sumar el impacto en los costos de producción y de impacto en el equity y posicionamiento de marca que se comercializa. Habrá que empezar a probar nuevos materiales, validar en anaquel y recalificar a los proveedores. A la vez que se ven los costos con los contadores y se prueban los nuevos empaques con los consumidores que siempre tendrán una opinión respecto a los cambios en sus marcas favoritas. Empezar a hacer esto desde hoy no es iniciar con tiempo, es llegar “on time” al mercado euroopeo.

En el próximo post veremos la segunda tarea clave: el contenido reciclado obligatorio, que quizás se convierta en el mayor dolor de cabeza operativo para los exportadores internacionales. Habrá que localizar material reciclado, certificado y a un precio competitivo, justo cuando miles de fabricantes europeos estarán tratando de asegurar simultáneamente su abastecimiento. Para dimensionar el mercado, existen.

Qué exige realmente el PPWR y cuáles son las principales obligaciones a vigilar del 2026 al 2040

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En la el post anterior, vimos una fotografía del Reglamento (UE) 2025/40 sobre embalajes y residuos de embalajes y sus ramificaciones. Como explicaba, el PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation, por sus siglas en inglés) no es una norma aislada de embalaje, sino la punta visible del iceberg de la estrategia de economía circular de la Unión Europea. Ahora, empezaré a ver con más detalle distintos aspectos de este reglamento y la estrategia e identificaré las pregunta clave para quienes vemos la exportación hacia la UE: ¿qué realmente le exige el reglamento a los exportadores y para cuándo?

Un advertencia antes de iniciar, no es necesario memorizar las casi 200 páginas del PPWR ni la docena de anexos, además de los “Actos Delegados” y “Actos de Ejecución” que irán detallando las reglas del juego y la letra pequeña. Lo que cada exportador necesitará saber es cuáles de todas las obligaciones afectarán su producto y su forma actual de producción y en qué fecha para preventivamente empezar a tomar acciones. Partiendo de esto y con la ayuda de sus proveedores de materias primas y con la ayuda de la inteligencia artificial seguramente encontrarán soluciones a la medida.

Las obligaciones del PPWR debemos dividirlas en estos cinco temas clave para empezar a trabajar el plan de acción de nuestros embalajes (envases y empaques):

1. Las reglas de la Reciclabilidad darán una “calificacion” a sus embalajes

El PPWR introduce un nuevo sistema de grados de reciclabilidad de la A a la E. A cada unidad de embalaje se le asignará una “nota” según su diseño para el reciclaje (Design for Recycling), su compatibilidad con los sistemas de recogida y clasificación, y su reciclabilidad real. Los criterios se definirán mediante Actos Delegados previstos para el año 2028, lo que nos crea un problema desde ya: ¿cómo anticipar esos criterios que aún no han sido escritos por las autoridades?. En este paso, la creatividad y la visión de expertos en packaging es clave y empezar a buscar la mayor reciclabilidad posible sin perder la rentabilidad de sus embalajes es vital. Es importante empezar a hacerse muchas preguntas como si “¿es mi empaque o envase verdaderamente reciclable? y ¿qué puedo cambiar sin afectar mi marca o mis costos?”

El calendario es progresivo y muy inflexible por lo que es clave arrancar este proceso desde ya:

  • A partir de 2030, solo podrán colocarse en el mercado de la UE los embalajes con grado A, B o C (es decir, reciclables en al menos un 70 % por peso). Todo lo que quede por debajo, queda fuera.
  • Desde 2035, el embalaje deberá ser reciclable “a escala”: ya no basta con que sea reciclable en el papel, tiene que ser efectivamente recogido, clasificado y reciclado por la infraestructura industrial que exista en Europa.
  • Desde 2038, se elimina el grado C. Solo sobrevivirán los grados A y B (con un umbral de reciclabilidad más alto, del 80 %).

Ejemplo práctico:

2. Contenido reciclado: obligatorio, pero solo para envases y empaques plásticos

Sobre este punto ha habido muchas dudas que surgieron respecto a los materiales de empaque. Sin embargo, es importante resaltar que esto aplicará solamente para los plásticos y el uso de polímeros reciclados. Estos porcentajes se calculará como promedio de la producción de cada planta en un año. Además, se deberá hacer una distinción del material reciclado posconsumo versus la resina reciclada virgen. Esto es un punto clave ya que como sabemos quienes hemos trabajado en el reciclaje de plásticos, la recolección de posconsumo y su recuperación de propiedades químicas para alcanzar una calidad de grado alimenticio conlleva muchos retos técnicos y de costos. Además, de que aún en muchos países del sur global no existen las instalaciones de reciclaje posconsumo en las condiciones y estándares internacionales requeridos.

Es importante resaltar que las partes plásticas que incluya el embajale y que representen menos del 5% del peso del envase quedarán exentas.

Desde el 1 de enero de 2030, los umbrales mínimos serán:

  • 30% para botellas de bebida de plástico de un solo uso.
  • 30% para envases en contacto con alimentos cuyo componente principal sea el tereftalato de polietileno (PET).
  • 10% para envases en contacto con alimentos hechos de plásticos distintos del PET.
  • 35% para el resto de envases de plástico.

Desde el 1 de enero de 2040, esos porcentajes suben a 65%, 50%, 25% y 65% respectivamente según la lista anterior. Existen exenciones para envases de medicinas, dispositivos médicos y diagnósticos in vitro; así como para los plásticos compostables que deberán tener certificaciones aceptables en el mercado europeo.

Para el exportador de productos agroindustriales, el punto clave es este: aunque su empaque principal sea papel, yute (como en las bolsas de café) o cartón, cualquier componente plástico relevante como: forros, bolsas de válvula, películas secundarias, laminados o multilaminados, entre otros.

Veamos este ejemplo:

3. Reutilización y recarga: metas por tipo de embalaje

El PPWR establece metas de reutilización que dependen de nuevo del tipo de embalaje (ver el artículo 11). Las metas principales que aplicarán desde el 1 de enero de 2030 son:

  • Embalaje de transporte (pallets, cajas, contenedores, entre otros; no incluye el cartón de papel pero sí incluye el cartón plástico): 40% reutilizable en 2030, con meta de 70% en 2040.
  • Embalaje agrupado (también excluyendo cartón de papel): 10% en 2030 y 25% en 2040.
  • Bebidas alcohólicas y no alcohólicas: 10% en 2030, con una meta “aspiracional” de 40% en 2040 (se excluyen leche y lácteos, vino y algunas categorías).

Buena parte de estas metas no golpea de frente al exportador de café verde, cardamomo o cacao, cuyo producto no es una bebida embalada para el anaquel. Pero es importante resaltar que SÍ tendrá impacto en el embalaje de transporte, y aún más importante será que los clientes e importadores europeos trasladarán estas exigencias a los proveedores de nuestros países. La Comisión hará una revisión en el año 2034 sobre qué tan realistas fueron estas metas antes de confirmar las de 2040.

Veamos un ejemplo más complejo sobre los embalajes primario, secundario y terciario de café:

4. Minimización y restricciones para tener menos embalaje y sin químicos problemáticos

Este punto ya está vigente desde el 12 de agosto de 2026 e implica que los embalajes primarios, secundarios y terciarios cumplan con requisitos específicos:

  • Minimización: el embalaje debe reducirse al mínimo de peso y volumen necesarios para cumplir su función. El sobreembalaje y las capas de más serían analizadas. Esta parte es muy complicada porque aún no existe una definición exacta respecto a cuál es la minimización idónea para cada envase o empaque de cada producto en específico. Esto seguramente abrirá la puerta a discusiones más técnicas y profundas para evitar la discrecionalidad.
  • Espacio vacío: en el comercio electrónico que utiliza tiendas grandes como Amazon, o supermercados como Aldi o Carrefour que hacen envíos a las casas, este será un punto a ser vigilado para los embalajes de transporte y los consolidados. También aplicará para espacios vacíos de los embalajes que se envíen por avión o barco desde nuestros países a Europa. Al respecto, el reglamento indica que el espacio vacío no podría superar el 40%, salvo que sea técnicamente inevitable.
  • Sustancias de preocupación: de acuerdo con el reglamento se debe desde ya minimizar la presencia de sustancias de amenaza para la salud. Lo anterior aplicará solamente en embalajes en contacto con alimentos. El reglamento fija además límites máximos de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés) en los embalajes en contacto con alimentos. Estos son químicos muy comunes que se usan para poner películas en los empaques de cartón o plásticos, por ejemplo, con propiedades táctiles antideslizantes o antibacterianas o que sirven para dar barreras que eviten la oxidación como ejemplos del sinfín de usos que estos productos tienen en la industria de packaging.

Veamos ahora este ejemplo de minimización y rediseño de un empaque para mangos de exportación:

5. Información, etiquetado y cumplimiento que se deberá poder demostrar al importador europeo

Y llegamos al último punto. Esta es la información más inmediata y requerida para documentar y cumplir con el papeleo:

  • Declaración de conformidad y documentación técnica: desde el 12 de agosto de 2026, cada tipo de embalaje colocado en el mercado debe contar con una declaración de conformidad y con la documentación técnica que respalde el cumplimiento, tras un procedimiento de evaluación de la conformidad (Anexo VII).
  • Etiquetado armonizado: no se publicó en agosto, 2026 pero está ya en desarrollo por la Comisión Europea. El objetivo será contar con un sistema único de etiquetado en toda la UE sobre composición del material y clasificación para el reciclaje. Esta última deberá de tenerse hasta el 2028, mediante actos de ejecución.
  • Responsabilidad Extendida del Productor (REP; en inglés, Extended Producer Responsibility, EPR): se creará un set de impuestos que servirán para financiar la gestión de residuos en cada país. Ese impuesto será recabado en el lugar de venta final del producto o embalaje y cada autoridad nacional lo determinará según la reciclabilidad del embalaje a partir de 2030. En este sentido, se busca desincentivar aquellos productos que cuanto peor sea el grado de reciclabilidad, mayor será el impuesto que pagarán. Como resultado no deseado para nuestros productos, aquellos productos que se exportan desde Guatemala probablemente requieran más embalajes que alguno producido en las Islas Canarias o en Armenia y se requerirá de muchísima inventiva en el rediseño de los empaques desde nuestros expertos en packaging.
  • Representante autorizado: como regla general, quien coloque por primera vez cualquier tipo de embalaje o productos envasados en un Estado miembro sin estar establecido en él necesitará designar un representante autorizado en ese país. Este es un punto de acción práctico y frecuentemente subestimado por los exportadores de fuera de la Unión que se podría convertir en un costo extra potencial en su proceso de exportar a la UE.

Veamos este último ejemplo de lo que deberá cumplir esta famosa bebida energética desde el pasado 12 de agosto de 2026:

Resumamos el calendario a prestar atención:

  • 12 ago 2026 — Aplicación general. Minimización, espacio vacío ≤ 40%, restricciones de PFAS y sustancias de preocupación, declaración de conformidad y documentación técnica.. YA SE APLICA
  • en algún momento del 2028 — Etiquetado armonizado; actos delegados sobre criterios de diseño para el reciclaje.
  • 2030 — Solo grados A–C; cuotas de contenido reciclado; primeras metas de reutilización; modulación de tarifas de REP; reducción de residuos del 5%.
  • 2035 — Reciclabilidad “a escala”; reducción de residuos del 10%.
  • 2038 — Solo grados A y B (se prohíbe el grado C).
  • 2040 — Cuotas de contenido reciclado más altas; segunda ola de metas de reutilización; reducción de residuos del 15%.

Tres preguntas claves que debemos hacernos ahora mismo como exportadores hacia la UE:

  1. ¿Qué rol ocupo en la cadena comercial? ¿Soy Fabricante, importador o distribuidor? Según el rol, las obligaciones se asignarán al papel que se juega para cada producto, irrespectivamente del tamaño de la empresa.
  2. ¿De qué está hecho mi embalaje? Los porcentajes de contenido reciclado aplican solo para los plásticos; la reciclabilidad y la minimización se aplican a todos los materiales.
  3. ¿En qué fecha vence cada obligación que le toca cumplir al importador europeo y que por lo tanto también me tocará como exportador a la UE? Y, sobre todo, ¿cuánto tarda la obligación en entrar en efecto? Porque rediseñar un empaque o analizar a un nuevo proveedor de materias primas no es un proceso sencillo y toma muchísimos meses e incluso años de evaluación.

Hasta acá llega este post. En el próximo, veremos con mayor detalle el primero de estos cinco temas clave: la reciclabilidad y el diseño para el reciclaje con el fin de entender con ejemplos detallados cómo se comparaun grado A frente a un grado E y por qué esa letra escarlata decidirá qué embalajes podrán seguir entrando a la UE y cuáles dejarán de ser competitivos, rentables o autorizados.