Hablemos de reciclabilidad en el PPWR. El método de calificación que usará la UE.

Empecemos con una imagen muy común en muchos de los productos de menor valor que se producen para los mercados más económicos. Por ejemplo, pensemos en la más económica de las bolsas de del café de exportación con un empaque multicapa.

Para quienes no conozcan el término, un empaque multicapa se compone de varias capas de distintos materiales (plásticos, cartón, aluminio u otros) que tienen como objetivo proteger el café en el interior del ejemplo que revisaremos.

Normalmente, estos empaques tienen una capa de lámina de aluminio como barrera, muchas veces de color negro brillante y con su válvula desgasificadora. Su función clave es conservar el aroma y proteger el café. Sin embargo, según el nuevo reglamento PPWR que hemos estado analizando en el post anterior, esta maravilla de la ingeniería está peligrosamente cerca de “reprobar” el examen que hará la Unión Europea. Esa bolsa (al igual que ocurrirá con el sachet de una mayonesa o de cardamomo molido, o la bandeja laminada para proteger las frutas, entre otros) este tipo de empaques será justamente el tipo de embalaje que el nuevo sistema de calificación europeo analizará con mucha atención.

En el post anterior ordenamos los cinco temas clave de obligaciones del Reglamento 2025/40 (PPWR). Hoy veremos el primero de estos tema y que es, además, el más decisivo para el ingreso a la UE: la reciclabilidad. A partir del año 2030, decir “este embalaje es reciclable” dejará de ser un adjetivo que uno se pone solo y se convertirá en una calificacion numérica que dará la UE según un análisis medido y verificable técnicamente, con consecuencias directas sobre el acceso al mercado.

De un adjetivo a una calificación

El punto clave está en el artículo 6 y en el Anexo II del reglamento PPWR. Según este artículo, a cada unidad de embalaje se le asignará un grado de reciclabilidad, calculado según el porcentaje por peso total del embalaje que realmente pueda reciclarse con los procesos industriales existentes. Ese cálculo tendrá una de estas calificaciones:

  • Grado A — 95% o más reciclable. Lo ideal máximo.
  • Grado B — 80% o más. Muy bien.
  • Grado C — 70% o más. Aprobado raspando.
  • Por debajo del 70% — “técnicamente no reciclable”. Reprobado.

Esta será una matiz que conviene manejar con precisión (y que nos posicionará mejor frente a quien solo haya utilizado un empaque con una calificación menor). En este sentido, el PPWR nombra formalmente solo tres grados —A, B y C— y mete todo lo que cae bajo el 70 % en un mismo cajón como reprobado. Al respecto, aún falta que se establezcan los detalles específicos de cómo se hará esta calificación detallada y técnica. Por lo que en el proceso veremos cómo se empezarán a utilizar estrategias de marketing para etiquetar embalajes, que para el reglamento serán, simplemente, no reciclable.

Fechas que hay que tatuarse desde ya y preveer su llegada:

El calendario de la reciclabilidad tiene tres hitos que debemos tener claros:

  • 1 de enero de 2028 — La Comisión Europea debe adoptar los Actos Delegados que fijarán los criterios de “diseño para el reciclaje” (Design for Recycling) y la metodología exacta de cálculo de cada grado. Es decir, la letra fina técnica todavía se está escribiendo. Hasta este momento podremos comparar con exactitud si el empaque que utilizamos tiene el punteo que aspiramos a tener para nuestro producto.
  • 1 de enero de 2030 — Entra el primer bloqueo. A partir de esta fecha solo podrán colocarse en el mercado los embalajes con grado A, B o C. Todo lo que reprueba (por debajo del 70 %) queda fuera.
  • 1 de enero de 2038 — El nivel de exigencia aumentará y se eliminará el grado C. Solo podrán ingresar los grados A y B. Y ojo con esto, porque es la trampa más común: un embalaje que en 2030 aprueba con “C” puede sentirse a salvo… y quedar fuera en 2038. Diseñar hoy pensando solo en el 70% es diseñar para un problema futuro. Por esto, es importante empezar desde ya a analizar empaques que no afecten la rentabilidad del negocio, que sostengan el equity de la marca y que busquen alcanzar los mayores niveles de reciclabilidad industrial requerido.

Cómo empezar a prepararse para conseguir la mejor nota (y ¿qué impactos negativos tendrá en productos como las bolsas de café?)

La evaluación se hará por unidad de embalaje, por peso, y por categoría de material (según el material predominante). Aquí está el detalle clave al que se deberá prestar atención: ya que cada componente se evalúa por separado (artículo 6.9), y todo componente que se separe con facilidad ayuda, mientras que todo componente que “contamine” al material principal, penaliza y le restará puntos.

El ejemplo que mejor lo ilustra es el frasco de vidrio con tapa metálica y etiqueta de papel: si la tapa y la etiqueta se separan sin problema, el conjunto puede alcanzar grado A. Pero si a este embalaje se le agrega una bolsa plástica adhesiva no reciclable y sin un mecanismo de separación por rasgado sencillo, esta nota A se desploma a C o D en un abrir y cerrar de ojos. Con esa lógica en la mano, se entiende por qué ciertos embalajes muy comunes en nuestras exportaciones son los grandes candidatos a reprobar. Es importante prestar atención a estos embalajes:

  • Laminados multicapa (film flexible con cinco o más capas que no pueden separarse fácilmente y rentablemente a nivel industrial): el pan de cada día de las bolsas de café y snacks.
  • Híbridos metal-plástico y estructuras con lámina de aluminio: barrera excelente, reciclabilidad pésima.
  • Plásticos de color negro con negro de humo (carbon black): un dato poco conocido es que uno de los peores enemigos de los clasificadores ópticos de las plantas de reciclaje es el plástico color negro. Así que muchas veces, un empaque negro será reprobado de forma automática por no ser detectable.
  • Composites y laminados permanentes como el tetrapack (cartón-plástico-aluminio pegados): imposibles de separar en la práctica de forma económica y rentable.

El giro de 2035: no basta con haber diseñado bien el nuevo emapaque

Y aquí viene la sutileza muy importante que separará al que leyó el reglamento PPWR del que verdaderamente lo entendió. A partir de 2035 se añade una segunda condición sobre la nota de diseño: la reciclabilidad “a escala” (artículo 6.5). No bastará con que el embalaje esté diseñado para reciclarse; habrá que demostrar que su material se recicla realmente, en volumen, a lo largo de la Unión Europea.

Son dos cosas distintas y no llegan al mismo tiempo. La primera (nuestro diseño) está bajo nuestro control y dependerá de cómo construimos el embalaje. La segunda (que exista una cadena real que recolecte, clasifique y recicle ese material en cantidad) dependerá del mercado europeo en cada uno de los países miembros, no de nosotros. Un embalaje puede tener un diseño impecable y aun así ser castigado a partir de 2035 si su flujo de reciclaje no existe a escala. Por lo tanto, por muy bonito que sea nuestro diseño será importante desde ya buscar no apostar por materiales “teóricamente reciclables” que en la práctica nadie recicla a escala.

¿Y las excepciones? Existen, pero no se confíe

El reglamento excluye del artículo 6 a siete categorías de embalaje y concede a los embalajes “innovadores” una exención temporal de cinco años (artículo 6.10). Es tentador buscar refugio ahí, pero no será tan fácil de demostrarlo según las normativas contiguas que se irán desarrollando desde la Comisión Europea. El consejo es no buscar hacer diseños nuevos aspirando a convertirse en una de estas siete excepcio´nes ya que son limitadas, temporales y sujetas a interpretación del analista de packaging. La ruta más recomendada y la segura es rediseñar.

¿Qué podemos empezar a hacer desde ya?

Mientras se publican los Actos Delegados de 2028, deberán empezar a revisar estas acciones:

  1. Hacer el inventario de cada componente de los embalajes. Cada referencia, su material predominante y sus componentes y crear un indicador propio para medir el nivel de reciclabilidad similar al del PPWR.
  2. Pedir a los proveedores la composición exacta. Número de capas, tipo de barrera, tintas, adhesivos. Sin ese dato no hay nota posible.
  3. Marcar en rojo los componentes sospechosos como los laminados multicapa, láminas de aluminio, plásticos negros, composites pegados.
  4. Explorar el mono-material a la vez que se analizan los incrementos de costos por utilizar otros plásticos y químicos más costosos. Estructuras de un solo polímero (PET, PP o PE) o soluciones de fibra/papel bien diseñadas son las que hoy apuntan a grados A o B —y, de paso, pagan tarifas de Responsabilidad Ampliada del Productor más bajas—. Sin embargo, para mantener las barreras de protección, sellado, rigidez, resistencia, compatibilidad, adhesión, laminación, migración, entre otras se requerirá invertir en materiales y tecnologías de barrera como:
    1. EVOH: alta barrera a oxígeno, sensible a humedad.
    2. Aluminio: barrera total a gases y luz.
    3. Metalizados (AlOx, SiOx): barrera intermedia con menor peso.
    4. Recubrimientos barrera: soluciones sin metal.
    5. Polímeros de alta densidad: barrera moderada que podría reducir la vida de anaquel.

Rediseñar un embalaje que proteja igual de bien el producto pero suba de nota no se logrará de un día al otro. Y a esto se tiene que sumar el impacto en los costos de producción y de impacto en el equity y posicionamiento de marca que se comercializa. Habrá que empezar a probar nuevos materiales, validar en anaquel y recalificar a los proveedores. A la vez que se ven los costos con los contadores y se prueban los nuevos empaques con los consumidores que siempre tendrán una opinión respecto a los cambios en sus marcas favoritas. Empezar a hacer esto desde hoy no es iniciar con tiempo, es llegar “on time” al mercado euroopeo.

En el próximo post veremos la segunda tarea clave: el contenido reciclado obligatorio, que quizás se convierta en el mayor dolor de cabeza operativo para los exportadores internacionales. Habrá que localizar material reciclado, certificado y a un precio competitivo, justo cuando miles de fabricantes europeos estarán tratando de asegurar simultáneamente su abastecimiento. Para dimensionar el mercado, existen.

Qué exige realmente el PPWR y cuáles son las principales obligaciones a vigilar del 2026 al 2040

En la el post anterior, vimos una fotografía del Reglamento (UE) 2025/40 sobre embalajes y residuos de embalajes y sus ramificaciones. Como explicaba, el PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation, por sus siglas en inglés) no es una norma aislada de embalaje, sino la punta visible del iceberg de la estrategia de economía circular de la Unión Europea. Ahora, empezaré a ver con más detalle distintos aspectos de este reglamento y la estrategia e identificaré las pregunta clave para quienes vemos la exportación hacia la UE: ¿qué realmente le exige el reglamento a los exportadores y para cuándo?

Un advertencia antes de iniciar, no es necesario memorizar las casi 200 páginas del PPWR ni la docena de anexos, además de los “Actos Delegados” y “Actos de Ejecución” que irán detallando las reglas del juego y la letra pequeña. Lo que cada exportador necesitará saber es cuáles de todas las obligaciones afectarán su producto y su forma actual de producción y en qué fecha para preventivamente empezar a tomar acciones. Partiendo de esto y con la ayuda de sus proveedores de materias primas y con la ayuda de la inteligencia artificial seguramente encontrarán soluciones a la medida.

Las obligaciones del PPWR debemos dividirlas en estos cinco temas clave para empezar a trabajar el plan de acción de nuestros embalajes (envases y empaques):

1. Las reglas de la Reciclabilidad darán una “calificacion” a sus embalajes

El PPWR introduce un nuevo sistema de grados de reciclabilidad de la A a la E. A cada unidad de embalaje se le asignará una “nota” según su diseño para el reciclaje (Design for Recycling), su compatibilidad con los sistemas de recogida y clasificación, y su reciclabilidad real. Los criterios se definirán mediante Actos Delegados previstos para el año 2028, lo que nos crea un problema desde ya: ¿cómo anticipar esos criterios que aún no han sido escritos por las autoridades?. En este paso, la creatividad y la visión de expertos en packaging es clave y empezar a buscar la mayor reciclabilidad posible sin perder la rentabilidad de sus embalajes es vital. Es importante empezar a hacerse muchas preguntas como si “¿es mi empaque o envase verdaderamente reciclable? y ¿qué puedo cambiar sin afectar mi marca o mis costos?”

El calendario es progresivo y muy inflexible por lo que es clave arrancar este proceso desde ya:

  • A partir de 2030, solo podrán colocarse en el mercado de la UE los embalajes con grado A, B o C (es decir, reciclables en al menos un 70 % por peso). Todo lo que quede por debajo, queda fuera.
  • Desde 2035, el embalaje deberá ser reciclable “a escala”: ya no basta con que sea reciclable en el papel, tiene que ser efectivamente recogido, clasificado y reciclado por la infraestructura industrial que exista en Europa.
  • Desde 2038, se elimina el grado C. Solo sobrevivirán los grados A y B (con un umbral de reciclabilidad más alto, del 80 %).

Ejemplo práctico:

2. Contenido reciclado: obligatorio, pero solo para envases y empaques plásticos

Sobre este punto ha habido muchas dudas que surgieron respecto a los materiales de empaque. Sin embargo, es importante resaltar que esto aplicará solamente para los plásticos y el uso de polímeros reciclados. Estos porcentajes se calculará como promedio de la producción de cada planta en un año. Además, se deberá hacer una distinción del material reciclado posconsumo versus la resina reciclada virgen. Esto es un punto clave ya que como sabemos quienes hemos trabajado en el reciclaje de plásticos, la recolección de posconsumo y su recuperación de propiedades químicas para alcanzar una calidad de grado alimenticio conlleva muchos retos técnicos y de costos. Además, de que aún en muchos países del sur global no existen las instalaciones de reciclaje posconsumo en las condiciones y estándares internacionales requeridos.

Es importante resaltar que las partes plásticas que incluya el embajale y que representen menos del 5% del peso del envase quedarán exentas.

Desde el 1 de enero de 2030, los umbrales mínimos serán:

  • 30% para botellas de bebida de plástico de un solo uso.
  • 30% para envases en contacto con alimentos cuyo componente principal sea el tereftalato de polietileno (PET).
  • 10% para envases en contacto con alimentos hechos de plásticos distintos del PET.
  • 35% para el resto de envases de plástico.

Desde el 1 de enero de 2040, esos porcentajes suben a 65%, 50%, 25% y 65% respectivamente según la lista anterior. Existen exenciones para envases de medicinas, dispositivos médicos y diagnósticos in vitro; así como para los plásticos compostables que deberán tener certificaciones aceptables en el mercado europeo.

Para el exportador de productos agroindustriales, el punto clave es este: aunque su empaque principal sea papel, yute (como en las bolsas de café) o cartón, cualquier componente plástico relevante como: forros, bolsas de válvula, películas secundarias, laminados o multilaminados, entre otros.

Veamos este ejemplo:

3. Reutilización y recarga: metas por tipo de embalaje

El PPWR establece metas de reutilización que dependen de nuevo del tipo de embalaje (ver el artículo 11). Las metas principales que aplicarán desde el 1 de enero de 2030 son:

  • Embalaje de transporte (pallets, cajas, contenedores, entre otros; no incluye el cartón de papel pero sí incluye el cartón plástico): 40% reutilizable en 2030, con meta de 70% en 2040.
  • Embalaje agrupado (también excluyendo cartón de papel): 10% en 2030 y 25% en 2040.
  • Bebidas alcohólicas y no alcohólicas: 10% en 2030, con una meta “aspiracional” de 40% en 2040 (se excluyen leche y lácteos, vino y algunas categorías).

Buena parte de estas metas no golpea de frente al exportador de café verde, cardamomo o cacao, cuyo producto no es una bebida embalada para el anaquel. Pero es importante resaltar que SÍ tendrá impacto en el embalaje de transporte, y aún más importante será que los clientes e importadores europeos trasladarán estas exigencias a los proveedores de nuestros países. La Comisión hará una revisión en el año 2034 sobre qué tan realistas fueron estas metas antes de confirmar las de 2040.

Veamos un ejemplo más complejo sobre los embalajes primario, secundario y terciario de café:

4. Minimización y restricciones para tener menos embalaje y sin químicos problemáticos

Este punto ya está vigente desde el 12 de agosto de 2026 e implica que los embalajes primarios, secundarios y terciarios cumplan con requisitos específicos:

  • Minimización: el embalaje debe reducirse al mínimo de peso y volumen necesarios para cumplir su función. El sobreembalaje y las capas de más serían analizadas. Esta parte es muy complicada porque aún no existe una definición exacta respecto a cuál es la minimización idónea para cada envase o empaque de cada producto en específico. Esto seguramente abrirá la puerta a discusiones más técnicas y profundas para evitar la discrecionalidad.
  • Espacio vacío: en el comercio electrónico que utiliza tiendas grandes como Amazon, o supermercados como Aldi o Carrefour que hacen envíos a las casas, este será un punto a ser vigilado para los embalajes de transporte y los consolidados. También aplicará para espacios vacíos de los embalajes que se envíen por avión o barco desde nuestros países a Europa. Al respecto, el reglamento indica que el espacio vacío no podría superar el 40%, salvo que sea técnicamente inevitable.
  • Sustancias de preocupación: de acuerdo con el reglamento se debe desde ya minimizar la presencia de sustancias de amenaza para la salud. Lo anterior aplicará solamente en embalajes en contacto con alimentos. El reglamento fija además límites máximos de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés) en los embalajes en contacto con alimentos. Estos son químicos muy comunes que se usan para poner películas en los empaques de cartón o plásticos, por ejemplo, con propiedades táctiles antideslizantes o antibacterianas o que sirven para dar barreras que eviten la oxidación como ejemplos del sinfín de usos que estos productos tienen en la industria de packaging.

Veamos ahora este ejemplo de minimización y rediseño de un empaque para mangos de exportación:

5. Información, etiquetado y cumplimiento que se deberá poder demostrar al importador europeo

Y llegamos al último punto. Esta es la información más inmediata y requerida para documentar y cumplir con el papeleo:

  • Declaración de conformidad y documentación técnica: desde el 12 de agosto de 2026, cada tipo de embalaje colocado en el mercado debe contar con una declaración de conformidad y con la documentación técnica que respalde el cumplimiento, tras un procedimiento de evaluación de la conformidad (Anexo VII).
  • Etiquetado armonizado: no se publicó en agosto, 2026 pero está ya en desarrollo por la Comisión Europea. El objetivo será contar con un sistema único de etiquetado en toda la UE sobre composición del material y clasificación para el reciclaje. Esta última deberá de tenerse hasta el 2028, mediante actos de ejecución.
  • Responsabilidad Extendida del Productor (REP; en inglés, Extended Producer Responsibility, EPR): se creará un set de impuestos que servirán para financiar la gestión de residuos en cada país. Ese impuesto será recabado en el lugar de venta final del producto o embalaje y cada autoridad nacional lo determinará según la reciclabilidad del embalaje a partir de 2030. En este sentido, se busca desincentivar aquellos productos que cuanto peor sea el grado de reciclabilidad, mayor será el impuesto que pagarán. Como resultado no deseado para nuestros productos, aquellos productos que se exportan desde Guatemala probablemente requieran más embalajes que alguno producido en las Islas Canarias o en Armenia y se requerirá de muchísima inventiva en el rediseño de los empaques desde nuestros expertos en packaging.
  • Representante autorizado: como regla general, quien coloque por primera vez cualquier tipo de embalaje o productos envasados en un Estado miembro sin estar establecido en él necesitará designar un representante autorizado en ese país. Este es un punto de acción práctico y frecuentemente subestimado por los exportadores de fuera de la Unión que se podría convertir en un costo extra potencial en su proceso de exportar a la UE.

Veamos este último ejemplo de lo que deberá cumplir esta famosa bebida energética desde el pasado 12 de agosto de 2026:

Resumamos el calendario a prestar atención:

  • 12 ago 2026 — Aplicación general. Minimización, espacio vacío ≤ 40%, restricciones de PFAS y sustancias de preocupación, declaración de conformidad y documentación técnica.. YA SE APLICA
  • en algún momento del 2028 — Etiquetado armonizado; actos delegados sobre criterios de diseño para el reciclaje.
  • 2030 — Solo grados A–C; cuotas de contenido reciclado; primeras metas de reutilización; modulación de tarifas de REP; reducción de residuos del 5%.
  • 2035 — Reciclabilidad “a escala”; reducción de residuos del 10%.
  • 2038 — Solo grados A y B (se prohíbe el grado C).
  • 2040 — Cuotas de contenido reciclado más altas; segunda ola de metas de reutilización; reducción de residuos del 15%.

Tres preguntas claves que debemos hacernos ahora mismo como exportadores hacia la UE:

  1. ¿Qué rol ocupo en la cadena comercial? ¿Soy Fabricante, importador o distribuidor? Según el rol, las obligaciones se asignarán al papel que se juega para cada producto, irrespectivamente del tamaño de la empresa.
  2. ¿De qué está hecho mi embalaje? Los porcentajes de contenido reciclado aplican solo para los plásticos; la reciclabilidad y la minimización se aplican a todos los materiales.
  3. ¿En qué fecha vence cada obligación que le toca cumplir al importador europeo y que por lo tanto también me tocará como exportador a la UE? Y, sobre todo, ¿cuánto tarda la obligación en entrar en efecto? Porque rediseñar un empaque o analizar a un nuevo proveedor de materias primas no es un proceso sencillo y toma muchísimos meses e incluso años de evaluación.

Hasta acá llega este post. En el próximo, veremos con mayor detalle el primero de estos cinco temas clave: la reciclabilidad y el diseño para el reciclaje con el fin de entender con ejemplos detallados cómo se comparaun grado A frente a un grado E y por qué esa letra escarlata decidirá qué embalajes podrán seguir entrando a la UE y cuáles dejarán de ser competitivos, rentables o autorizados.

El rol de las instituciones ante el Cambio Climático, los Estudios Globales y las ideas de Acemoğlu-Robinson-Johnson

Los Estudios Globales fueron el campo de especialización que estudié durante mis maestrías en Alemania y Dinamarca hace más de diez años. En ese entonces, esta disciplina era aún difícil de explicar y entender, y a menudo enfrentábamos críticas debido a su enfoque interdisciplinario, que examina exhaustivamente procesos, sistemas y problemas globales con énfasis en la interconexión de las dinámicas económicas, políticas y sociales entre las naciones. Esto nos llevaba a complejas discusiones ad infinitum que a los académicos suele irritar. Con la reciente entrega del Nobel de Economía 2024 a Acemoğlu, Robinson y Johnson, en particular por su análisis de los marcos institucionales y su impacto en el desarrollo económico en Why Nations Fail, considero relevante compartir cómo sus ideas se alinean con los Estudios Globales. Estos académicos exploran el papel fundamental de las instituciones políticas y económicas en la configuración de las desigualdades entre países, y cómo estas instituciones resultan clave para enfrentar la crisis climática actual.

Las ideas de Acemoğlu-Robinson-Johnson y de los Estudios Globales se alimentan de una gran diversidad de autores, perspectivas e ideologías y son complementarios por ramas muy importantes como la Teoría de los Sistemas Mundiales de Wallerstein, que considera al capitalismo global como un sistema que mantiene dependencias entre el centro y la periferia, reforzando las disparidades entre las naciones desarrolladas y en desarrollo. Asimismo, el análisis de Marx del capitalismo y las luchas de clases ofrece perspectivas fundamentales sobre las estructuras económicas y las relaciones de poder que los Estudios Globales examinan, especialmente para comprender cómo el capitalismo global puede perpetuar las desigualdades. Juntos, estos académicos y muchos otros que se han especializado en territorios o ramas de las ciencias humanas más específicas, contribuyen a una comprensión integral dentro de los Estudios Globales de cómo los sistemas económicos globales y los factores institucionales influyen en las disparidades y dan forma al orden global.

En mi caso, mi especialización en el impacto que el cambio climático y la práctica de nuevos modelos económicos de comercio sostenible como la economía circular me han llevado a ver cómo fenómenos globales, han suscitado preocupaciones no solo en términos de sus impactos medioambientales, sino también en relación con sus efectos en la estructura y funcionamiento de las instituciones. Este artículo busca explorar la relación entre el cambio climático y las instituciones de forma breve y con temas que podrían tomarnos un libro entero para analizar. Asimismo, presentaré cuál es su rol dentro del contexto de la “big history” o “gran historia” que ha inspirado la ideología detrás de estos autores laureados al presentar una perspectiva histórica que sitúa los eventos humanos dentro de la vasta cronología del universo.

La Big History y el cambio climático: un contexto macrohistórico

Cuando hablamos de “big history” nos referimos a un enfoque donde se considera la historia del ser humano no de manera aislada, sino como una pequeña parte de un proceso mucho más extenso que abarca desde el Big Bang hasta el presente. En este marco, el cambio climático representa un punto de inflexión que puede ser interpretado como un desencadenante de transformaciones a gran escala, similar a otros eventos disruptivos como la Revolución Agrícola o la Revolución Industrial y la actual Revolución del Internet y la Inteligencia Artificial que está reconfigurando desde ya el futuro de la humanidad.

El cambio climático es un evento dentro de esta narrativa que fuerza una reinterpretación de la relación de los seres humanos con el entorno natural y con las instituciones que continuarán sosteniendo esta sociedad vulnerable a las dinámicas de la naturaleza planetaria. Este cambio, se ha convertido en un catalizador que no solo modifica el clima y los ecosistemas, sino que también exige la adaptación de las instituciones y las estructuras económicas y políticas.

El rol de las instituciones y su vinculación con el cambio climático. La Adaptación y Resiliencia son clave

Las instituciones, entendidas como los sistemas de normas, reglas y estructuras organizativas que regulan el comportamiento social y económico, juegan un papel fundamental en la respuesta a la crisis climática. Las instituciones políticas y económicas se encuentran ahora en una encrucijada, ya que deben responder a desafíos sin precedentes que ponen a prueba su capacidad de adaptación y resiliencia. En este contexto, es útil aplicar conceptos de la teoría institucional para analizar cómo las instituciones han reaccionado —o no— ante el cambio climático y cómo otras instituciones han sido las causantes —o no— de la aceleración de este cambio. Al respecto, mencionaré tres funciones clave que pueden resaltar el rol de las instituciones frente a esta problemática:

  1. Regulación ambiental y gobierno eficiente: conforme se intensifica el cambio climático, las instituciones deben desarrollar e implementar regulaciones que promuevan la sostenibilidad y mitiguen los efectos ambientales. Para esto, se requiere crear desde políticas de control de las emisiones de CO2 hasta acuerdos internacionales como el Acuerdo de París y la Agenda 2030. La efectividad de estas regulaciones dependerá de la capacidad de las instituciones para adaptarse a la incertidumbre y coordinar respuestas integrales.
  2. Rediseño económico: el cambio climático también ha implicado una reconfiguración económica y el surgimiento de mecanismos de gobierno autoritarios que limiten el libre mercado y regulen la acción humana hacia sistemas proteccionistas y autoritarios. La transición hacia una economía baja en carbono y sostenible requiere una transformación significativa de las instituciones financieras y comerciales que en algunos países ha dependido de sistemas unipartidistas y totalitarios para reafirmar sus objetivos. Otros, como en la Unión Europea, han logrado establecer el consenso para alcanzar estas metas a la vez que protegen sus economías y cierran sus fronteras a la importación de CO2 vía fletes de transporte o productos fabricados como resultado de la deforestación. Es aquí donde el rol de economistas, internacionalistas y politólogos es crucial para analizar y promover políticas que permitan esta transición sin perjudicar el desarrollo económico.
  3. Innovación social y tecnológica: las instituciones también son fundamentales para fomentar la innovación social y la aceleración de la adaptación tecnológica. Estos son elementos necesarios para enfrentar el cambio climático y para fortalecer una población responsable de sus acciones bajo marcos regulatorios sólidos y certeza jurídica. Las universidades, centros de investigación y principalmente las empresas multinacionales han desempeñado un papel clave en esta reeducación social y aceleración tecnológica mediante la promoción de tecnologías limpias, creación de modas “verdes” y cumplimiento de certificaciones y prácticas sostenibles como el uso de empaques reciclables o de fuentes renovables. La colaboración interinstitucional es esencial para que estas innovaciones puedan escalar y ser efectivas a nivel global.

El rol de las Instituciones en el contexto de la Big History y el cambio climático

En el marco de la “big history” y de los estudios globales, el cambio climático puede ser visto como un momento crucial que demanda una reevaluación de las instituciones existentes de la misma manera en que Acemoglu-Robinson analizaron a países, regiones y civilizaciones. A lo largo de la historia, cada gran cambio estructural ha dado lugar a una reconfiguración de las instituciones, desde las primeras civilizaciones hasta las actuales democracias industriales capitalistas y los sistemas totalitarios de economía mixta. Actualmente, las instituciones enfrentan un reto similar: evolucionar o quedar obsoletas y ser víctimas del cambio climático. Las instituciones que logran adaptarse y promover una economía resiliente y sostenible podrían no solo sobrevivir, sino también liderar un nuevo capítulo en la gran historia de la humanidad. Algo que no ocurre por primera ocasión y que el caso de la caída de la civilización maya es un excelente ejemplo respecto a otros momentos críticos en la historia, en los que la respuesta institucional al cambio climático determinó el curso de la civilización humana.

El camino que queda ante nosotros para combatir el cambio climático desde instituciones nuevas y fortalecidas

Para los académicos y los tomadores de decisiones en el gobierno y las empresas, la relación entre el cambio climático y las instituciones ofrece un campo fértil para el análisis de cómo las estructuras de poder y gobernanza están respondiendo a este desafío global. La historia ha demostrado que las instituciones son capaces de cambiar en respuesta a crisis significativas y hoy nos encontramos ante una oportunidad similar. Por su parte, los globalistas tenemos el inmenso reto de diseñar modelos y estrategias socioeconómicas y políticas que faciliten la transición hacia economías sostenibles, considerando no solo los beneficios ambientales, sino también las implicaciones socioeconómicas para diferentes sectores de la sociedad. El cambio climático, en este contexto, se convierte no solo en un problema que resolver, sino en una oportunidad para reformular y reforzar el papel de las instituciones en el desarrollo humano. La premiación que hicieron del Nobel a Acemoğlu-Robinson-Johnson, nos debe invitar a continuar haciendo siempre análisis interdisciplinarios para entender cómo podremos enfrentar el futuro y construir sociedades más resilientes y sostenibles en el marco de los desafíos actuales y venideros.

Las Cláusulas Espejo en la Era de la Sostenibilidad

El comercio internacional es cada vez más complejo de lo esperado gracias a las preocupaciones sobre los límites de la producción humana. Con el aumento de las legislaciones nacionales que buscan preservar el medio ambiente, proteger los recursos naturales y fomentar sistemas de economía circular, es muy importante conocer y entender el papel de las cláusulas espejo en el comercio sostenible internacional. Para entender este tema, es necesario empezar por definir qué son las cláusulas espejo y su importancia en el comercio sostenible. Además, presentaré algunos ejemplos, tanto positivos como negativos, de la implementación de estas cláusulas y cuál es su relación con el comercio global.

Las cláusulas espejo son disposiciones contractuales que se incluyen en los acuerdos comerciales internacionales y establecen que las partes contratantes (exportador e importador) deben cumplir con determinados estándares y normas en materia de sostenibilidad. Estas cláusulas reflejan las obligaciones y responsabilidades asumidas por los países o empresas importadoras respecto a la protección del medio ambiente, los derechos laborales, la lucha contra la corrupción y otros aspectos relacionados con el desarrollo sostenible que son parte de la diligencia debida que se exige en los nuevos Reglamentos y Directivas de regiones como el mercado de la Unión Europea. El objetivo de las cláusulas espejo es asegurar que el comercio internacional se realice de forma responsable y sostenible.

El comercio sostenible desempeña un papel crucial en la promoción del desarrollo económico, social y ambiental a nivel global que requiere trascendamos las visiones de soberanía y proteccionismo que se promovieron en el siglo pasado por muchos actores políticos e ideologías. A través de prácticas comerciales responsables, se busca garantizar la protección del medio ambiente, el respeto de los derechos laborales, la promoción de la igualdad de género y el fomento de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Como resultado, estas prácticas de comercio son uno de los más efectivos motores para reducir la pobreza, mejorar la calidad de vida de las comunidades, fortalecer las economías locales y alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS, por sus siglas). En este marco, las cláusulas espejo juegan un papel fundamental al establecer compromisos concretos y verificables en los acuerdos comerciales, lo que permite garantizar que las prácticas comerciales sean sostenibles y respetuosas con los derechos humanos.

Efectos positivos y negativos de las cláusulas espejo

Existen diversos ejemplos positivos de la aplicación de cláusulas espejo en el comercio sostenible internacional. Uno de ellos es el caso de la Unión Europea, que ha incluido cláusulas espejo en sus acuerdos comerciales para promover la protección del medio ambiente y el respeto a los derechos laborales de sus industrias locales y de las industrias de donde se proveen de importaciones. Gracias a estas cláusulas, se ha logrado reducir la huella de carbono de los productos importados, la disminución de la deforestación y garantizar condiciones de trabajo dignas a lo largo de toda la cadena de suministro. Otro ejemplo es el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Guatemala, el cual incluye cláusulas espejo que garantizan el cumplimiento de estándares de sostenibilidad en diversas áreas como la protección del medio ambiente y los derechos humanos.

La falta de cláusulas espejo en acuerdos comerciales puede dar lugar a situaciones negativas en términos de sostenibilidad. Un ejemplo de ello es la explotación laboral en algunos países productores de productos agrícolas o industriales, donde la ausencia de cláusulas espejo ha permitido condiciones de trabajo precarias y salarios injustos en los que no se reconoce la mano de obra que elaboró los productos. Además, sin cláusulas espejo, se corre el riesgo de que se produzca una competencia desleal entre los países exportadores, ya que aquellos que no tienen regulaciones estrictas en materia de sostenibilidad pueden ofrecer productos a precios más bajos sin respetar los estándares mínimos. Esta falta de equidad no solo afecta al medio ambiente y a los trabajadores, sino también a las empresas que sí operan siguiendo prácticas sostenibles, creando un desbalance en el comercio internacional.

El impacto para Guatemala

Guatemala mantiene relaciones importantes con los países del norte global, lo que ha permitido establecer intercambios comerciales significativos que están contribuyendo a acelerar la transición hacia sistemas productivos más sostenibles, ambientalmente responsables y responsables de la seguridad y derechos de su mano de obra. Además, es muy importante enfatizar que las relaciones comerciales de países como Guatemala se han fortalecido con el comercio sostenible, ya que los países del norte global han mostrado interés en promover prácticas comerciales responsables y respetuosas con el medio ambiente para la provisión de productos de primera calidad que solamente pueden ser cultivados o manufacturados en países ricos en recursos como Guatemala. Esta dinámica comercial sostenible ha abierto oportunidades para Guatemala de acceder a mercados más exigentes y desarrollar productos sostenibles que puedan ser valorados en el contexto internacional.

El efecto de las cláusulas espejo en el Pacto Verde podría resultar en la imposición de barreras a las importaciones de productos procedentes de Guatemala hacia la Unión Europea. Por lo tanto, es crucial llevar a cabo un seguimiento detallado y constante de los nuevos desarrollos normativos. Entre otras medidas, la Unión Europea ha,

  1. Implementado el reglamento sobre deforestación
  2. modificado los límites máximos de residuos de plaguicidas y
  3. adoptado un mecanismo de ajuste de frontera para las emisiones de carbono.

Pero estos desarrollos normativos no se quedan acá, es importantísimo que los empresarios y tomadores de decisiones en Guatemala estén en constante diálogo con delegados de la UE y estén al tanto de futuros cambios regulatorios para poder adaptarse y cumplir con los requisitos necesarios con sus exportaciones hacia la Unión Europea de manera efectiva y sostenible.

El siguiente paso de Guatemala y sus países vecinos es continuar mejorando sus procesos y resolver los desafíos que las cláusulas espejo presenten. Entre los desafíos que actualmente tenemos, está la necesidad de adaptarse a más y “mejores” exigencias y estándares de los países del norte global, lo cual implica invertir en la mejora de infraestructuras, fortalecimiento de la certeza jurídica y protección y desarrollo de las capacidades productivas. Como resultado, estas nuevas prácticas comerciales serán sin duda el empuje necesario para acelerar la modernización, la mejora continua, la diligencia debida y la sostenibilidad de las cadenas productivas que impactará en el comercio de todos los productos y servicios que desde el sur global se fabriquen.

El rol de un empresario/a estratégico en la conmemoración del Día de la Tierra

Celebrar el Día de la Tierra en las economías del Sur Global es sumamente importante para los empresarios y emprendedores que buscan construir negocios con el potencial de crecimiento exponencial. Para conseguir esa riqueza sostenible con la que todos los empresarios soñamos, implementar y fortalecer las prácticas de economía circular es imprescindible en un mundo con recursos limitados y con presiones energéticas y vitales cada vez más agudas. Temas ambientales como el cambio climático, la eficiencia energética, la contaminación derivada de las prácticas empresariales y la pérdida de biodiversidad tienen un impacto global que trasciende las fronteras económicas y que debe ser el eje central de la visión estratégica de todos los proyectos empresariales. Ante este contexto y a pesar de su situación económica, las economías del sur global son los territorios en los que una visión empresarial estratégica contribuirá significativamente a superar estos desafíos debido a la rápida industrialización, las nuevas prácticas de explotación de recursos y la apertura a nuevas oportunidades de negocio cada vez más circulares y energéticamente innovadores.

Como consecuencia de este impacto climático global, el rol central de los empresarios con visión estratégica es uno de los principales vehículos por el cuál muchas economías en el sur global serán capaces de rescatar a las comunidades más vulnerables ante la degradación ambiental actual. Estas comunidades vulnerables, dependen en gran medida de los recursos naturales para su sustento y está en las innovaciones empresariales la inmensa oportunidad de cambir el ritmo de Producción-Consumo-Desecho de la economía lineal hacia sistemas productivos de economía circular como el de la siguiente gráfica,

Además, las economías del sur global a menudo cuentan con una rica biodiversidad y recursos naturales con un inmenso potencial de investigación científica y nuevas formas de producción que permitirán desarrollar soluciones económicas para continuar protegiendo los recursos de este planeta. Conmemorar el Día de la Tierra cada 22 de abril sirve para crear conciencia sobre la necesidad de conservar estos recursos para las generaciones futuras y de apoyar al sector empresarial que innove en proyectos sostenibles y circulares. Adoptar estas prácticas sostenibles de la economía circular como parte de la Planeación Estrategia, Misión y Visión de las empresas no sólo garantiza el desarrollo económico a largo plazo, fomenta la paz y la convivencia y, como consecuencia, protege el medio ambiente de todos los humanos.

Dado que la degradación ambiental plantea graves amenazas a la salud pública, especialmente en regiones con acceso limitado a la atención sanitaria y al saneamiento es importante recordar el importantísimo rol social que los empresarios tienen en sus áreas locales de trabajo, producción y comercialización. A través de la conmemoración del Día de la Tierra, los empresarios y emprendedores sostenibles tienen una oportunidad de oro para identificar iniciativas destinadas a abordar la contaminación y promover el aire limpio, el agua potable y el saneamiento de las comunidades que les rodean. La participación activa en las actividades del Día de la Tierra demuestra un compromiso con los acuerdos ambientales internacionales y las soluciones colaborativas para los desafíos globales apremiantes.

Celebrar el Día de la Tierra en las economías del sur global es una oportunidad para subrayar la interconexión de las cuestiones ambientales, sociales y política con el importante rol que la actividad económica tiene para liderar la innovación sostenible en la meta común por alcanzar los 17 ODS. La investigación en productos que utilicen energías renovables y que innoven en el diseño de los productos para eliminar por completo los desechos es también un gran aporte que los empresarios exitosos continúan desarrollando e innovando.

Un empresario visionario tiene en estas celebraciones la oportundiad de reforzar la importancia de la acción colectiva de sus clientes para generar cambios en el consumo y para construir mecanismo de colaboración económicamente sostenibles que nos permitan proteger nuestro planeta para las generaciones actuales y futuras.