El TLC con Europa, la inversión segura

“Institutions are the rules of the game in a society… The major role of institutions in a society is to reduce uncertainty by establishing a stable (but not necessarily efficient) structure to human interaction.” Douglass C. North

Ya casi se cumple el año de la guerra arancelaria que arrancó el 02 de abril de 2025. Y desde entonces, sí algo sabemos los que trabajamos en el comercio exterior, es que la rentabilidad rara vez se pierde por “falta de calidad”. La mayoría de las veces se pierde por incertidumbre y otro tanto por la crisis climática. Desde hace un año, un arancel que sube de un día a otro, un cargo extra “temporal” que cambia los costos ya pactados o una regla que obliga a renegociar precios cuando el contenedor ya va en ruta pueden ser la diferencia entre dormir tranquilos o no.

En ese contexto crítico en que vivimos, los exportadores centroamericanos tienen una gran oportunidad en el tratado de libre comercio, oficialmente conocido como Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea (AdA CA-UE). El “AdA”, como coloquialmente conocemos, es una herramienta que ayuda como un ancla a las exportaciones de la región. Este acuerdo, en vigencia desde 2013 ofrece una total estabilidad arancelaria y una desgravación bajo reglas claras y certeras. Además, el acuerdo cuenta con pilares vigentes de Cooperación y Política que contribuyen a resolver problemas por potenciales barreras no arancelarias.

Mientras en otros mercados clave de Centroamérica hay alta volatilidad. Acuerdos como el AdA ofrecen ese respiro para proteger las inversiones de los exportadores que diversifican sus exportaciones. La más reciente publicación de la Casa Blanca, el 20 de febrero de 2026, imponiendo un recargo temporal de importación bajo la Sección 122 de la Trade Act de 1974,entará en vigor el día de mañana 24 de febrero de 2026. Esta decisión tendrá covbertura sobre todas las importaciones al establecer un 10% arancelario por encima de los aranceles existentes (con algunas excepciones aún pendientes de ser resueltas).

El AdA reduce sorpresas y mejora márgenes

Ante mercados inestables, la estabilidad no solo reduce sorpresas comerciales, sino que incrementa los márgenes, promueve contratos más largos y asegura más oportunidades de inversión en valor agregado.

El AdA está diseñado para reducir aranceles y mejorar eficiencia aduanera, pero su beneficio más subestimado es la previsibilidad con reglas claras, cronogramas de desgravación y de revisiones y procedimientos que no cambian por impulso político. En términos arancelarios, la UE resume así el efecto del acuerdo:

  • La UE acordó eliminar aranceles para 73% de sus líneas agrícolas, equivalentes a ~64% de importaciones agrícolas desde Centroamérica.
  • Entre los bienes que pueden entrar libres de derechos se mencionan café, camarones, aceite de palma, piñas y melones.
  • Productos sensibles como azúcar y ron pueden entrar en la UE dentro de contingentes libres de derechos.

En otras palabras: si Guatemala exporta agroindustria (y especialmente agroindustria con diferenciación), el acuerdo crea un terreno muy sólido y estable para crecer y hacer contratos de largo plazo.

Cuando el arancel se vuelve una variable política, los aranceles salen aún más caros

La diferencia entre un marco estable y uno volátil se ve en las potenciales exportaciones que una empresa genera todos los días con potenciales clientes. Por ejemplo, tomemos estas variables:

  • Cotizaste a 90 días.
  • Cerraste precio con el comprador.
  • Programaste producción y empaque.
  • Reservaste flete e invertiste en tener el producto listo para exportar.

Sin embargo, de forma repentida aparece un recargo general (temporal o “de emergencia”) que subirá el costo de entrada tal y como ocurrirá a partir de este mes de febrero, 2026. En la práctica, la implementación de la Sección 122 afectará al exportador con:

  • erosionar márgenes del importador que
  • provocarán pedidos más pequeños o intermitentes en el futuro y que quizás,
  • obligarán al importador a renegociar precios para ser cauteloso y/o
  • empujar al importador a “cubrirse” con proveedores alternativos intl. o locales.

Mientras tanto, el exportador Centroamericano se encontrará atado de manos para tomar decisiones planificadas. Mientras tanto, el AdA que ofrece un sistema arancelario preferencial predecible dará la certeza necesaria para distribuir el riesgo y cumplir con los altos estándares de calidad que la región exige (geolocalización de parcelas, reglas de etiquetado, diseño circular, trazabilidad y diligencia debida, entre otros) convirtiéndose en diferenciadores competitivos.

La ventaja competitiva de 2026 se llama previsibilidad

En un entorno donde el arancel puede convertirse en una “decisión política” de un día para otro, la pregunta estratégica para el exportador centroamericano ya no es únicamente a qué mercado vender, sino bajo qué reglas vale la pena invertir. Porque invertir en valor agregado —marca, empaque, certificaciones, trazabilidad, innovación de producto— requiere una visión de largo plazo y estrategia visionaria. Y ese horizonte estrátegico se construye con instituciones que reduzcan incertidumbre, como advertía Douglass North.

El Acuerdo de Asociación CA-UE debe utilizarse como algo más que un tratado comercial. Debemos utilizarlo como una herramienta empresarial que construya estabilidad comercial. Su valor no está solo en la desgravación arancelaria, sino en la capacidad de permitirte planificar, fijar precios con mayor seguridad, negociar contratos de largo plazo y sostener relaciones comerciales sin el sobresalto permanente de recargos “temporales”. Exportar a Europa es para Centroamérica una apuesta mucho más certera.

Por supuesto, exportar a la UE trae también sus propias exigencias y quienes las aprenden a implementar, las convierten rápidamente en grandes ventajas. El exportador centroamericano que cumple origen y reglas y que también tiene un producto con valor agregado que cumple estándares, tiene a su total acceso un mercado que premia con contratos de largo plazo, reputación y mejores oportunidades para posicionarse en nichos de mayor valor.

En 2026, competir no es solo producir bien, sin aprender a vender bien bajo reglas estables y diversificar las exportaciones. Si tu empresa quiere crecer sin apostar su rentabilidad a la volatilidad, vale la pena explorar el AdA a profundidad: identificar tu código arancelario, revisar reglas de origen, mapear requisitos y convertir la previsibilidad en estrategia. El acuerdo AdA está ahí y la oportunidad es usarlo con mucha visión y estrategia.

Feudalismo climático en el nuevo orden global

Esta semana se reunieron los jefes de Estado, CEOs y organismos multilaterales en el World Economic Forum de Davos para debatir sobre los cambios globales. Los debates giraron en torno a la fragmentación del comercio, seguridad económica, la necesidad de continuar la transición verde y la complicada reconfiguración de las cadenas globales de valor. Como se pudo ver en las presentaciones de los líderes del norte global, el tono dominante no fue el optimismo por la globalización democratizadora de décadas pasadas, sino el de la gestión del riesgo a nivel local-regional, la resiliencia selectiva y delimitada a intereses de seguridad económica y la protección estratégica de intereses nacionales. Para quienes observamos estos debates desde el Sur Global, Davos nos da conclusiones claras: el comercio internacional ya no se concibe como un espacio neutral de integración transcontinental, sino como un campo de disputa de intereses que nos hacen recordar las relaciones entre el centro-periferia con jerarquías muy demarcadas por los condicionamientos climáticos, la geopolítica y la búsqueda de poder explícito.

Pero esto no es nuevo. Desde una perspectiva interdisciplinaria y global, en la que analizamos los fenómenos económicos, políticos y ambientales como procesos interconectados a escala internacional, este momento puede entenderse como una coyuntura crítica (critical juncture), en la que decisiones políticas y económicas adoptadas en el corto plazo tienen el potencial de reconfigurar de manera duradera las trayectorias institucionales, comerciales y de poder entre regiones. Esta reconfiguración fue curiosamente muy bien analizada por académicos preocupados por los límites ecológicos del crecimiento y la concentración del poder económico. Desde entonces se anunciaba el riesgo “futuro” de una neofeudalización del orden global que aparentemente se ha acelerado en estos últimos años.

Límites ecológicos y el fin del comercio “neutral”

El debate intelectual se remonta a los años setenta, cuando el Club de Roma cuestionó en 1972 la sostenibilidad de un sistema económico basado en la expansión material ilimitada. A partir de entonces, autores clave que estudiamos como el antiindustrialista Ivan Illich o el economista keynesiano E. F. Schumacher advirtieron en sus obras que los sistemas productivos intensivos en energía y capital generaban dependencias estructurales y erosionaban la autonomía de comunidades y economías periféricas.

Junto a ellos, desde la tradición del liberalismo económico clásico, economistas como Friedrich Hayek advirtieron desde la década de 1940 que la combinación de crisis, planificación centralizada y concentración del poder regulatorio tendría la inevitable capacidad de desembocar en una regresión institucional comparable a formas premodernas de dominación. En la obra Caminos de Servidumbre, Hayek sostuvo que, bajo contextos de emergencia (económica, social o ambiental), los Estados tienden a justificar una expansión del control sobre la producción, el comercio y la asignación de recursos, erosionando la competencia y sustituyéndola por relaciones de dependencia jerárquica. Desde esta óptica, la feudalización del siglo XXI no surge por exceso de mercado, sino por su supresión selectiva: cuando el acceso a energía, tecnología, financiamiento o mercados queda mediado por permisos, subsidios condicionados y alianzas político-corporativas, el sistema económico se transforma en un orden de vasallaje regulatorio, donde pocos actores “protegidos” concentran poder y el resto depende de su acceso. Junto a él, otro de mis favoritos, Milton Friedman, alertó que la sustitución de mercados abiertos por capitalismos administrados, incluso con fines supuestamente nobles como la seguridad o la “estabilidad”, conduce a estructuras rígidas y excluyentes. Según explicaba Friedman, cuando el comercio deja de operar bajo reglas generales y previsibles y pasa a organizarse mediante excepciones estratégicas, sanciones o aranceles, controles tecnológicos y proteccionismo selectivo, se consolida una economía de privilegios que recuerda más a un orden feudal corporativo que a un sistema competitivo en el cual los vasallos tienen las de perder. Desde esta visión clásico-liberal, la actual fragmentación del comercio internacional se está acelerando con la guerra comercial, políticas industriales altamente proteccionistas en el norte global y por regulaciones no armonizadas que están siendo disfrazadas como “regulaciones climáticas”; ante esto, corremos el riesgo de que se esté institucionalizando una jerarquía global donde centros económicos aseguran su resiliencia mediante poder normativo y coerción, mientras las periferias quedan atrapadas en relaciones de dependencia estructural, con movilidad económica limitada y escasa capacidad de decisión soberana.

En el primer cuarto del siglo XXI, estas advertencias se reflejan en un comercio internacional cada vez más condicionado por huellas ambientales, estándares regulatorios complejos y barreras técnicas disfrazadas de preocupaciones ambientales que afectan de manera desproporcionada a los países del Sur Global y a las economías emergentes . La crisis climática no solo redefine qué se comercia, sino quién puede hacerlo y en qué condiciones.

Escasez, poder y comercio como instrumento geopolítico

A finales de los años setenta, el  pionero en el movimiento medioambiental moderno William (Patrick) Ophuls planteó que la escasez ecológica conduciría al debilitamiento del liberalismo económico y a la emergencia de órdenes más jerárquicos y coercitivos (léase el autoritarismo tan popular entre las democracias occidentales), que él mismo calificó como “neomedievales”. Esta lógica es visible hoy en el uso del comercio como herramienta de poder estratégico con el apoyo de la población y en detrimento de los principios básicos protegidos en la Carta de las Naciones Unidas.

La administración del gobierno estadounidense actual marcó un punto de inflexión al normalizar la “Guerra Comercial” (un término con una larga historía que empezó a aparecer en la prensa económica anglosajona a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, especialmente en contextos de proteccionismo arancelario entre potencias industriales). La versión actual, es una guerra comercial sin precedentes entre los países del norte global industrializados, basada en aranceles, sanciones y controles tecnológicos. Más allá de su liderazgo, este enfoque neoconservador consolidó finalmente en la práctica, la visión del comercio como mecanismo de dominación y alineamiento político que se había mantenido constante y tras bambalinas de grupos politicos y académicos estadounidenses desde el siglo pasado. El debilitamiento del multilateralismo comercial y la fragmentación de la OMC son consecuencias directas de este giro y su resultado acelera la feudalización global.

Cambio climático, regulación y nuevas jerarquías centro-periferia

Desde el Sur Global, los debates de Davos sobre transición verde y comercio “sostenible” revelan una tensión central. Si bien los líderes continúan reconociendo que los objetivos climáticos son legítimos, su implementación se ha debilitado reforzando las relaciones centro-periferia históricas mediante regulación asimétrica, ajustes en frontera y exigencias de diligencia debida sin que estas vayan acompañadas de financiamiento, transición justas, incentivos a la transferencia tecnológica y el factor clave del reconocimiento de las responsabilidades diferenciadas.

Aquí resulta clave la aportación del sociologo y economista Ulrich Beck que explicó en los 80s que los riesgos ambientales se distribuían de forma desigual y que los actores (países y multinacionales) con mayor capacidad económica pueden comprar resiliencia, asegurar acceso a mercados y proteger sus cadenas de suministro; y que, por nuestra parte, los países periféricos, en cambio, internalizamos los costos de adaptación climática sin potencializar plenamente a los beneficios del comercio internacional. Este fenómeno ha sido reconceptualizado recientemente como feudalismo climático y explica cómo empieza a surgir en nuestra época un nuevo sistema global en el que la seguridad climática, económica y comercial se privatiza y concentra.

El comercio global como arquitectura neofeudal

Desde una lectura estructural que aún se está configurando, el orden comercial actual presenta rasgos inequívocos de neofeudalización:

  • Centros que definen nuevas normas, redefinen valores y que controlan tecnologías, finanzas y acceso a mercados.
  • Periferias obligadas a cumplir estándares crecientes, exportar recursos naturales y asumir riesgos climáticos.
  • Relaciones de realineamiento estratégico que sustituyen principios universales como la no discriminación y el trato especial y diferenciado.

Sobre esto, las advertencias ya se han venido acumulando desde hace décadas por ambientalistas y ecólogos como Richard Heinberg, científicos en inteligencia artificial como Raymond Kurzweil e incluso por urbanistas como Ramón Fernández Durán que no solo anticiparon que la crisis climática y energética del siglo XXI conduciría a procesos de refeudalización económica y social sino que alertaron de la velocidad en que estos cambios se realizarían. Lo que hoy se discute en Davos confirma que estas dinámicas ya no son teóricas.

El mundo que viene

Los debates de Davos muestran un mundo que se reorganiza alrededor del riesgo, la escasez y finitud de los recursos naturales y la acumulación de poder y reconfiguración de alianzas, más que de la cooperación regional y global. Desde el Sur Global, el desafío de los gobiernos será potencializar sus beneficios ante las crecientes amenazas climáticas y la fragmentación geopolítica que consolidará un sistema comercial jerárquico cada vez más claro.

La agenda que viene es un gran reto y requerirá que continuemos fomentando una visión del comercio internacional como herramienta de desarrollo y justicia ante estas nuevas condiciones geopoliticas, y no como mecanismo de subordinación. Las advertencias formuladas por intelectuales de distintas especialidades desde el siglo pasado nos deben servir hoy como un un marco indispensable para comprender —y disputar— el rumbo del orden económico global.


Referencias bibliográficas sugeridas

  • Ulrich Beck: La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad
  • Club of Rome: Los límites del crecimiento
  • Raúl Prebisch: El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas
  • Celso Furtado: Formación económica de Brasil
  • Ramón Fernández Durán: El inicio del fin de la energía fósil
  • Friedrich A. Hayek: Camino de servidumbre
  • Friedrich A. Hayek: La constitución de la libertad
  • Richard Heinberg: El pico de todo: despertando al siglo de los descensos
  • Ivan Illich: Energía y equidad
  • Ludwig von Mises: La acción humana: tratado de economía
  • Ludwig von Mises: Burocracia
  • Lewis Mumford: El pentágono del poder
  • William Ophuls: Ecología y política de la escasez
  • Marta Peirano: Contra el futuro: resistencia ciudadana frente al feudalismo climático
  • E. F. Schumacher: Lo pequeño es hermoso: economía como si la gente importara
  • Karl Polanyi: La gran transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo
  • James C. Scott: Ver como un Estado: cómo ciertos esquemas para mejorar la condición humana han fracasado
  • Wolfgang Streeck: Comprando tiempo: la crisis aplazada del capitalismo democrático
  • Joseph A. Schumpeter: Capitalismo, socialismo y democracia
  • Daniel Yergin: El nuevo mapa: energía, clima y el choque de las naciones
  • Blog con más contexto del significado de las gráficas: McKenzie, B. Economía más allá de los límites de la Tierra

Un poco de teoría para entender las migraciones

Las noticias de niños migrantes han captado la atención de los medios en las últimas semanas. La mayoría de estos niños y niñas eran de origen Centroamericano. En Mesoamerica, debemos enfocarnos urgentemente en fortalecer la legislación y la capacidad nacional para la protección de migrantes y refugiados dentro de los flujos migratorios mixtos que existen en la actualidad. Es urgente el establecimiento de redes de protección de la sociedad civil para estos refugiados que se dirigen a Estados Unidos y a países vecinos. Asimismo, es necesario encontrar soluciones duraderas para los refugiados a través de la integración local y creación de fuentes de trabajo competitivas y dignas. La diferencia fundamental entre ser un refugiado y un inmigrante es que los refugiados se ven forzados a huir de sus hogares, mientras que los inmigrantes tienen más opciones a su alcance. Esta división es más notoria en situaciones de conflicto armado o guerras internas. Sin embargo, muchos han clasificado a grupos de inmigrantes latinoamericanos como refugiados pues son víctimas de la persecución de las maras y del estado mismo.

Redes Migratorias: una teoría para entender más y mejor las migraciones

La teoría de redes migratorias es una teoría de migración a nivel meso (por meso nos referimos al análisis intermedio o de enlace entre distintas áreas de humanidades e instituciones para el estudio de los problemas a analizar). La teoría de redes migratorias surgió en la década de 1970 a partir de estudios de género, de mujeres y de historia de las familias. Por lo tanto, tiene sus orígenes en la sociología y antropología y nos sirve para entender las acciones humanas.

Desde la perspectiva de la teoría de redes de migrantes podemos entender cómo los migrantes crearon e incluso mantienen vínculos sociales con otros migrantes y familiares en sus países de origen en Mesoamérica, y cómo esto puede conducir al surgimiento de redes sociales de migrantes más activas y dinámicas. Estas redes tienden a facilitar una mayor migración y nos sirven para entender que en la actualidad la crisis migratoria que vivimos es resultado de décadas de abandono del Estado en los países mesoamericanos de las poblaciones vulnerables que hace muchos años se empezaron a ver forzadas a migrar.

Siguiendo con la teoría de redes, esta se basa en la idea de que la migración es un proceso dependiente de la ruta en el que los primeros migrantes configuran los flujos migratorios posteriores a través de sus relaciones interpersonales. Según el experto en el tema Stephen Castles, las redes de migrantes tienden a disminuir los costos económicos, sociales y psicológicos de la migración. Por lo tanto, la migración puede conceptualizarse como un proceso difuso, en el que las redes en expansión provocan que los costos de movimiento disminuyan y la probabilidad de migración aumente: estas tendencias se alimentan mutuamente y con el tiempo la migración se extiende hacia todos los segmentos de una sociedad. Lo anterior es algo muy común y notorio en Guatemala, particularmente, en lugares del Occidente y Oriente del país donde aldeas y pueblos enteros son parte de estas redes de migrantes. Algo que también ocurre en las ciudades es la formación de una comunidad de migrantes en un destino específico que aumenta la probabilidad de una mayor migración al mismo lugar.

La teoría de redes migratorias es una herramienta útil para explicar los flujos migratorios que no pueden explicarse mediante otras teorías existentes, e intenta mostrar por qué continúa la migración, incluso cuando hay salarios más altos en otros lugares o no hay factores de atracción o políticas en el país receptor tal y como estamos viviendo actualmente en Estados Unidos con el gobierno de Donald Trump. Con esta teoría podemos explicar y confirmar que la razón de la continuidad del flujo migratorio de mesoamericanos a Estados Unidos surge y se basa en la diáspora o red de migrantes que influye en la decisión de continuar eligiendo Estados Unidos y no Europa o Sudamérica como sus destinos. Por lo tanto, la teoría de redes es efectiva para explicar por qué los patrones de los migrantes no siempre se distribuyen uniformemente entre los países aún cuando sería muy útil que mesoamericanos migrasen a otras regiones.

Otros expertos en el tema son Harzig y Hoerder (Hoerder fue mi catedrático en la Universidad de Leipzig y aprendí muchísimo de él sobre el tema) y para ellos, la teoría de redes migratorias es una teoría de “economía familiar” porque el tiempo de “calidad” laboral y emocional se asigna de acuerdo con las normas sociales para lograr el mejor resultado posible internamente para los miembros de la familia o red, y externamente por su posición en la comunidad. En Guatemala es muy común observar que los migrantes y refugiados migran a un destino específico para encontrarse con un tío o una tía, con un abuelo o incluso con un padre o una hermana.  Harzig explica que “la teoría de redes no solo investiga las decisiones de los migrantes de dislocarse sino que también investiga la jerarquía de redes que explica estas decisiones mediante la inclusión de factores emocionales y espirituales no medibles que juegan un papel en los análisis de proyectos de vida y decisiones migratorias”. Así, es más fácil para un migrante llegar a un destino donde conoce a personas que le son familiares y establecer negocios, pedir préstamos, conseguir empleo y colaborar en comunidad. Actitudes como las anteriores, fortalecen la migración y permiten establecer una jerarquía de red en la que los miembros intentan obtener los mejores resultados posibles internamente para su familia, la familia migrante y externamente para obtener el mejor lugar dentro de una comunidad que lo reconoce como un hermano o hermana.

Los efectos de la migración

Es un hecho innegable que la migración siempre ha sido fuente de progreso y desarrollo para todas las sociedades receptoras. Incluso, en situaciones de migración forzada por esclavitud y servidumbre forzosa, los países receptores de los migrantes se beneficiaron del trabajo que realizaron los migrantes. En gran medida, los beneficios de la migración que tiene lugar en un flujo global dependen en gran medida de la ubicación y contexto sociodemográfico de las áreas involucradas, así como de las particularidades regionales.

Los países que producen la migración desde el sur hacia el norte global y los estados que sufren diásporas de migrantes y refugiados son los más favorecidos por la migración. Situación que es menos beneficiosa cuando la migración se realiza dentro del mismo sur global debido a que la mejora en las condiciones de vida no aumenta de la misma manera para las familias de migrantes.

En la actualidad, suponer detener la migración de mesoamericanos hacia el norte es prácticamente imposible. Ralentizar esta migración no es viable en las condiciones actuales de inversión y desarrollo económico de los países migrantes donde sus gobiernos no tienen ningún interés en desarrollar las áreas más pobres y abandonadas por el Estado. La teoría de redes nos permite entender que las redes nunca se eliminan sino que se amplian. Así, de una red de migrantes que iba del punto A al B, después de que ha pasado un tiempo considerable se puede ampliar a una migración del punto A, pasando por el B hacia un nuevo destino C. O también, ya establecida y formalizada migrará a ser una red del punto A al C directamente.

Las grandes redes de migración en el mundo

En la actualidad, hay en todo el mundo, nueve redes de migración superpuestos en territorios macro-regionales que se mantienen fluyendo desde el siglo XX según nos enseñó el historiador Hoerder. Hoerder indica que estos sistemas son resultado de la división Norte-Sur de un mundo postcolonial que se fortaleció con la institucionalización de la recolonización ante y desde condiciones desiguales que favorecían al mundo industrializado y a sus herederos “blancos”.  Condiciones desiguales que no solo ocurren en Guatemala, sino que continúan enfrentando a alrededor de 1,100 millones de personas que vive en la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos, contra los más de 6,300 millones de habitantes del resto del mundo. Esta brecha se ha triplicado desde la descolonización del siglo pasado y continúa creciendo.

Bajo este régimen de “apartheid-económico global” según explica Hoerder, el Producto Nacional Bruto per cápita anual promedio ascendió a US$480 en los países de bajos ingresos en comparación con US$28,000 en las economías de altos ingresos. Así, desde hace un siglo, cada vez más personas intentan llegar a sociedades y economías proveedoras de empleo con o sin documentos. Migraciones similares se han estructurado en las economías de los países en vías de desarrollo conectándose desde el campo hacia las metrópolis y las ciudades industrializadas en países como China, Brasil, India y Turquía donde millones de personas emigran anualmente.

En Mesoamérica esa división de apartheid-económico también continúa vigente. Las familias migrantes son en su mayoría provenientes de grupos de la población que durante el siglo pasado se vieron forzados a migrar por la falta de trabajo, desastres naturales y por el conflicto armado interno para el caso de Guatemala. Estas primeras generaciones establecieron ya sólidas redes de migrantes que favorecen la continuación del flujo migratorio.  Quienes migran lo hacen, por la falta de empleo y oportunidades en una sociedad con profundas desigualdades. Además, son personas que provienen de lugares donde las inversiones del Estado y del sector privado han sido más escasas.

La negligencia de los últimos gobiernos para apoyar a los pequeños productores agrícolas ha crecido con la corrupción, el continuo deterioro del medio ambiente y el abandono de las carreteras y campos, la falta de competitividad de pequeños parcelarios y la formación de latifundios continuará generando pobreza rural de la población campesina que es mayoritariamente indígena.

¿Cómo ralentizar la migración?

Detener la red de migración es imposible y solo mediante el uso de la fuerza y guerra se pueden afectar drásticamente estos flujos. Sin embargo, el flujo de migración y refugiados se puede ralentizar deteniendo el abuso de los recursos y capital de los países mesoamericanos con cambios estructurales.  Algunos de los sugeridos son:

  1. Reevaluar y reformar el sistema económico actual que favorece una economía centralizada, monocultivista y mercantilista permitiendo el desarrollo de negocios en áreas rurales y semi urbanas. La falta de acceso a la propiedad de la tierra y de recursos fuerza a la pobreza y extrema pobreza a la mayoría de la población y esto solo cambiará con la intervención del gobierno en la creación de fuentes de trabajo, liberalización del comercio y liberalización del sistema de crédito y banca para las micro, pequeñas y medianas empresas.
  2. Monitorear y detener el flujo de armas, maras y redes de narcotráfico en Mesoamérica que impiden el desarrollo económico del interior del país y que amasa grandes fortunas en áreas úrbanas con corrupción y compra de favores.
  3. Brindar protección legal y oportunidades para fortalecer las fronteras hacia las principales rutas de migración vía México hacia los Estados Unidos. Esto es de particular importancia para los refugiados que huyen del país y para los “migrantes climáticos”, es decir, aquellos que huyen de Mesoamérica debido a los efectos del cambio climático.
  4. Pasar de la gestión de crisis a la prevención de crisis. Esto incluye rechazar la política de “tercerización” de la gestión de la migración, una “solución” a corto plazo que crea un boom económico en varios centros, algunos ubicados en áreas desérticas y despobladas, convirtiéndose en una industria que se beneficia de los más vulnerables y se convierte fácilmente en territorios de trabajo forzoso.  Prevenir las crisis se consigue desarrollando integralmente todo el territorio de los países; partiendo de la descentralización del Estado y llevándolo a todos los lugares donde sus servicios actualmente son menores o no existen. La inversión del Estado en el interior de los países mesoamericanos será la única manera de reducir las migraciones hacia las capitales y/o hacia los países del norte.

Como ven… tenemos tremenda tarea como sociedad y espero que esta información les haya sido de utilidad para comprender un poco más tan complejo tema humano.

Libros sugeridos para estudiar más el tema:

¿Cómo nos afectan los aranceles contra el aluminio y el acero ante una Guerra Comercial Global?

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El 8 de marzo de 2018, el presidente Donald Trump ordenó la imposición de aranceles del 25% sobre las importaciones de acero y aranceles del 10% sobre las importaciones de aluminio. Ests aranceles cubren una amplia gama de productos de acero y aluminio y se aplican por igual a las importaciones de la mayoría de los países.

La orden eximió inicialmente las importaciones de Canadá y México. Sin embargo, hoy 31 de mayo, Estados Unidos dijo que estaba avanzando con los aranceles sobre las importaciones de aluminio y acero de Canadá, México y la Unión Europea, poniendo fin a una exención de dos meses y preparando el escenario para una guerra comercial con sus aliados.

Los aranceles impuestos por Trump se aplican a productos de acero que se definen en el Sistema Armonizado de Aranceles con los siguientes 6 dígitos:

  • 720610 a 721650,
  • 721699 a 730110,
  • 730210,
  • 730240 a 730290 y
  • 730410 hasta 730690

Mientras que, se aplicarán aranceles para los productos de aluminio en el nivel de 4 dígitos de la Lista armonizada , como se enumera en la tabla a continuación. Además, se incluyen dos códigos HS en el nivel de 10 dígitos, que cubre fundiciones y forjados de aluminio. El alcance de los aranceles para los productos de aluminio no incluye la bauxita o la alúmina, que son materias primas para la producción de aluminio primario (sin elaborar). También se excluyen los desperdicios y desechos de aluminio (HS 7602) y los polvos y escamas de aluminio (HS 7603), ya que representan diferentes sectores industriales.

Código Arancelario

Descripción

7601

Aluminio en bruto

7604

Barras, varillas y perfiles de aluminio

7605

Alambre de aluminio

7606

Placas, láminas y tiras de aluminio de un espesor superior a 0,2 mm *

7607

Papel de aluminio (incluso impreso o respaldado con papel, cartón, plástico o soportes similares) de un grosor (sin incluir el soporte) inferior o igual a 0,2 mm

7608

Tubos y tubos de aluminio

7609

Tubos de aluminio y accesorios de tubería

7616.99.51.60

Otros artículos de aluminio: fundición

7616.99.51.70

Otros artículos de aluminio: forjados

Los efectos de esta guerra comercial-arancelaria aún no son claros para Guatemala, Centroamérica y el resto del mundo.  Sin embargo, tenemos la certeza de que el efecto inmediato de una potencial guerra comercial global hará que los inversionistas disminuyan sus inversiones en el corto plazo. Esto debilitará la recuperación económica que se había venido teniendo durante los últimos años.  Los funcionarios europeos argumentan que los aranceles dañarán el crecimiento en ambos lados del Atlántico y disminuirá el poder de compra de todos en general.

Brasil, Argentina y Australia acordaron, disminuir sus envíos de acero a Estados Unidos a cambio de que no se les aplicasen los aranceles, indicó el Departamento de Comercio de Estados Unidos y los aranceles se mantendrán en las importaciones desde Japón.

Los efectos de una Guerra Comercial

Como elocuentemente explicó el economista ganador del Premio Nobel Christopher Pissarides, una guerra comercial de ojo por ojo podría ” perjudicar” a la base de la industria manufacturera y los trabajadores agrícolas de Estados Unidos, ya que dependen de la inversión extranjera y comercian con países como China y Japón.

En última instancia, cualquier tipo de proteccionismo socava las bases de una inmensa red de acuerdos comerciales, que sostienen el comercio pacífico entre las naciones de todo el mundo. Lo que está en juego no es menos que un período sin precedentes de paz y prosperidad en la historia humana que afectará las expectativas de crecimiento económico a mediano y largo plazo.

Nos esperan meses de mucha turbulencia económica en la industria manufacturera.  Mantengamos los ojos abiertos.